lunes, 10 de octubre de 2016

SERLO O NO

Sala: Teatro Español Autor: Jean-Claude Grumberg (versión de Mauro Armiño) Director: Josep Maria Flotats Intérpretes: Josep Maria Flotats y Arnau Puig  Duración: 1.20'
Información práctica (el enlace inactivo puede significar que la función ya no está en cartel)



¿Saben cuál es mi primer recuerdo de Josep Maria Flotats? Agárrense. Los visitantes, una serie francesa de extraterrestres de 1980. Me entero aquí de que la emitió TVE en 1981, los lunes de cuatro a cinco. ¿Qué hacía yo frente el televisor? ¿Quizá sólo vi unos minutos y mi memoria, ese mecanismo traidor, ha agigantado el recuerdo? Además, creo ver gente vestida de negro con pollos de cuello alto, típicos de la ciencia ficción de la época, que corre de un lado para otro. Incluso veo a Flotats así vestido y huyendo de algo, y me parece que el recuerdo no se corresponde con la realidad. ¿Lo mezclo con otra cosa más antigua? ¿Fahrenheit 451 de Truffaut? Quién sabe. PArece que cuanto mayor se hace uno, más le va preocupando la dichosa búsqueda del tiempo perdido. Aquí les dejo una madalena para invocar a Proust, a ver si nos echa una mano.

El caso es que cuando Proust y yo nos despertamos, Flotats ya estaba allí. Es su prehistoria en Francia. Después llegaría el regreso a Barcelona -envuelto en una merecida aura de éxito extrafronterizo, algo mucho más relevante entonces que ahora- y, entre otras muchas cosas, la creación del Teatre Nacional de Catalunya. Es un actor formidable, sin fisuras, una máquina implacable de interpretar. 

Sus elecciones como director son claras: tiende a los textos sutiles, de grano fino, a la elucubración intelectual y/o el humor: La cena, La conversación de Descartes con Pascal joven, El juego del amor y del azar, La verdad... Esta vez, yo diría que el grano es tan fino que se escurre entre los dedos para no dejar, a fin de cuentas, casi nada. Serlo o no - Para acabar con la cuestión judía es apenas una sucesión de chistes largos que ponen de manifiesto lo absurdo de los prejuicios raciales. Sí, una cosilla agradable, pero nada más. Jean-Claude Grumberg es un indiscutible, pero esto está muy lejos de ser su obra más brillante.


Arnau Puig, estuvo en Stockmann
pero me tocó otro elenco.
No creo que se pueda plantear mejor que como lo  ha hecho Flotats, una puesta en escena limpia en la que sólo cuenta el texto. Aunque siempre caben matices, claro está. Veo por ahí algún vídeo de la versión original, y Arditi (un tipo que lo hace todo en Francia) le da al protagonista un aire más bonachón y, sobre todo, más implicado en lo que está ocurriendo, a diferencia de la elegante distancia que pone Flotats. Eso da más carcajada, la especialidad de Arditi (creo que lo mencionaremos otra vez en la crítica de La mentira a cuenta de más o menos carcajadas). Flotats es más de la sonrisa por dentro (me refiero tanto a la sonrisa por dentro del personaje como a la que va por dentro del espectador). Arnau Puig le aguanta perfectamente el tirón (y es mucho tirón). Pero el texto no hay quien lo estire más allá de lo que da, se queda en poco. Alguien ha percibido esa pequeñez y le ha añadido una propina. Por más que busco, no encuentro rastro de que existiera también en el original, así que supongo que ha sido Flotats.

Pasada la horita justa que dura este sainete chic, y una vez que el público ya ha aplaudido, Flotats se aproxima al proscenio para encarnar a Grumberg y contarnos algunas cosas sobre su vida. Si alguien podía considerar que lo recibido a cambio del precio de la entrada se quedaba un poco corto, aquí sus argumentos decaen. Los veinte minutos de monólogo que Flotats se casca como si pasara por allí no tienen precio. Es, con diferencia, lo mejor de la noche: una lección de interpretación que, si no viviera como vivo, iría a ver otra vez.
P.J.L. Domínguez

          

miércoles, 5 de octubre de 2016

LA VIUDA ALEGRE

Sala: Teatros del Canal Autores: Victor Léon y Leo Stein / Franz Lehár (versión de Enrique Viana) Director de escena: Emilio Sagi Director musical: Jordi López Intérpretes: Natalia Millán, Antonio Torres, Silvia Luchetti, Guido Balzaretti, Iñaki Maruri y David Rubiera Duración: 1.20'
La función ya no está en cartel


Foto: José Mari Martíne
Segunda entrega de las funciones perdidas de la temporada pasada. Ahí va la crítica publicada en la Guía del Ocio:

    Lehár estrenó esta musiquilla pegadiza en 1905 y, aunque fuera el canto de cisne de un mundo al que le quedaba un suspiro, se nos ha quedado bien pegada. Tiene, además, la suerte de que la opereta vienesa se ha cargado de glamur con el tiempo. Al contrario que la zarzuela, que no se sacude la muy injusta acusación de casposa. Cientos de zarzuelas hay con más libreto y más música que La viuda alegre, dicho sea sin restar mérito a la viuda: la combinación de frivolidad, fantasía no se sabe si balcánica o centroeuropea y uniformes austrohungáros funcionará siempre.

    Da de sobra para más chisporroteo, pero el montaje de Sagi se deja ver: lo ha desplazado hacia el musical, alejándolo de la ópera. Se nota en la elección de intérpretes y estilos vocales, y quizá también en el ritmo escénico. La escenografía de Bianco es atractiva, la pareja de la subtrama (Silvia Luchetti, más suelta que en Sonrisas y lágrimas, y Guido Balzaretti, preciosa voz de bonitos quiebros) funciona y, sobre todo, hay una estrella. Nuestra industria del espectáculo produce pocas de ésas que unen al talento una indefinible aura de encanto: Natalia Millán es, una vez más, alma y centro de la función.

Déjenme que les cuente algo, ahora que empieza ya a invadirme la melancolía del otoño. Era yo muy joven, vivía en un estudio de dos plantas con piano de cola y vistas al jardín. No, no he sido millonario, fueron azares de la existencia. Cuando la señora de la limpieza me encontraba sentado ante el teclado, me decía "Dai Francé, suonami La vedova allegra", y yo tocaba el celebérrimo vals mientras Giovanna ponía expresión de arrobo apoyada en la fregona. Sí, estaba viviendo dentro de una ficción, una película al estilo de Gene Kelly o cualquier otra fantasía de -pongamos- americanos en París. Pero era demasiado joven hasta para darme cuenta. ¿Qué será de Giovanna? Benditos recuerdos.

P.J.L. Domínguez

          

NO TENGAS MIEDO

Sala: Teatro Infanta Isabel Autor y director: Eduardo Aldán Intérpretes: José Lifante, Patricia Delgado, Ricardo Mata y Raúl Escudero  Duración: 
La función ya no está en cartel


Ricardo Mata
Cuarta entrega de las funciones perdidas de la temporada pasada. Ahí va la crítica publicada en la Guía del Ocio:


Pensé durante mucho tiempo que las dificultades para provocar miedo al espectador en un teatro eran prácticamente insuperables, ahora que el cine nos tiene vacunados contra cualquier barbaridad. Verónica y Un hombre con gafas de pasta, cada una en su género, me convencieron de que aún era posible. También el Drácula de Ignacio García May, que pasó sin mucha gloria.

     De los innumerables caminos del miedo, este invento de Aldán escoge el que proviene de las atracciones de feria y de los viejos capítulos de La zona oscura poblados por muñecas de porcelana. Con algún toque de leyenda urbana, forma moderna de muchos terrores inmemoriales. Puro teatro de entretenimiento, las tres historias narradas reproducen tópicos que funcionarán hasta el fin de los tiempos y se engarzan hábilmente con un supuesto pasado tétrico del Infanta Isabel que contribuye a aumentar la inquietud del respetable y prepara el final.

    Entre otros aciertos –el uso de proyecciones o la estructura narrativa- es fundamental el concurso de José Lifante, un tipo que, además de aportar imagen y voz que ya tienen medio camino recorrido, clava este registro entre el terror y la guasa. Los sustos –hay unos cuantos bien tramados- hacen las delicias de un público que sabe a lo que va y se muere de risa (nerviosa) después del sobresalto. Niños incluidos.

Escribí eso en abril. Cinco meses más tarde aparece en Madrid un espacio dedicado al terror que presume de ser teatro (y no pasaje). Ya les contaré.
P.J.L. Domínguez

          

ARTE NUEVO

Sala: Teatro Español Autores: Alfonso Sastre (Cargamento de sueños) / Medardo Fraile (El hermanoDirector: José Luis Garci Intérpretes: Miguel Ángel Muñoz, Gary Piquer, Ana Carlota Fernández y Ana Fernández Duración: 1.35' (40' + 20 de entreacto + 35')
La función ya no está en cartel


Miguel Ángel Muñoz, Ana Fernández, Carlota Fernández y Gary Piquer
Tercera entrega de las funciones perdidas de la temporada pasada. Ahí va la crítica publicada en la Guía del Ocio:


La programación de Pérez de la Fuente al frente del Español puede calificarse de todo menos de convencional. Propone ahora un programa doble sobre la antevíspera de nuestro teatro y se lo encarga a Garci. La idea es estrepitosa. El resultado es otro asunto: las tres estrellas que acompañan a esta crítica son la media entre las dos para Cargamento de sueños y las cuatro para El hermano.

El director emparenta, en el programa de mano, a la primera con Beckett. Etiqueta incomprensible para un texto metafísico de aroma simbolista al que le falta un milímetro para ser abiertamente religioso. El patinazo en escena, quizá por este enfoque errado, es notable. Serios errores de costura.

De El hermano ya dijo Marquerie en su día que no pasaba de primer acto. Apenas un trompetazo que anuncia la inminente llegada de Historia de una escalera. Pero muy bien escrito. Este realismo minucioso de lentejas y gritos en el patio es el reino de Garci, su ámbito natural, así que lo borda. No sé si sobra alguna actitud equívoca entre los hermanos, que nos deja la mosca tras la oreja, pero el resultado es un excelente rato de teatro a la antigua, una interesante experiencia arqueológica. Aquí sí, Gary Piquer, Miguel Ángel Muñoz y Carlota Fernández revelan toda la eficacia velada en la primera parte. Estupenda, como siempre, Ana Fernández. 


Y añado ahora: los intérpretes estaban realmente bien en El hermano. Es un prejuicio absurdo, pero a los jóvenes que saltan a la fama desde la televisión les pedimos siempre un plus de exigencia respecto a los que no están manchados por semejante baldón infamante (por si acaso: ironía). Pues bien, Muñoz muy centrado y muy templado. Está haciendo una cosita curiosa estos días en el Valle-Inclán, pero me temo que no voy a poder verlo. Ana Carlota Fernández, la otra joven del reparto, también en su sitio; dulce, vulnerable, confusa, como me parece que la dibujó Fraile. Estaré atento.
P.J.L. Domínguez

          

INSOLACIÓN

Sala: Teatro María Guerrero Autora: Emilia Pardo Bazán (versión de Pedro Villora) Director: Luis Luque Intérpretes: María Adánez, Chema León, José Manuel Poga y Pepa Rus Duración: 1.40'
La función ya no está en cartel


Chema León, Pepa Rus, María Adánez y José Manuel Poga
Sí, es verdad. Los tengo desatendidos. Hace una temporada que dejo el blog para cuando tenga tiempo después de todo lo demás... y nunca lo tengo. Voy a tener que redimensionar "todo lo demás". Para que se crean que no son sólo buenos propósitos, voy a rescatar ahora mismo cuatro funciones de la temporada pasada que, vaya usted a saber por qué tonterías que se me cruzarían, no arribaron al blog. A quienes lo usen para el día al día les parecerá algo prescindible, pero sé que hay quien aprovecha todo esto como archivo histórico. Así que aquí tienen, para empezar, lo que publiqué en la Guía sobre Insolación:

Sorprendente, no cabe calificar de otro modo una novela publicada en 1889 en la que la protagonista no sufre el castigo debido por transgredir la moral sexual imperante. Recordemos que Ana Ozores, la Regenta, termina en la muerte social y Anna Karenina en la muerte a secas. Tal osadía literario-feminista no ha tenido más repercusión en nuestra cultura, simple y tristemente, porque su autora era mujer.

    El primer gran activo de la función es la brillante adaptación de Víllora, que refleja idas y venidas y, sobre todo, la procesión que va por dentro de los protagonistas en una novela de pura sicología. Sin que molesten los soliloquios, sin que el espectador tenga que hacer el mínimo esfuerzo para entender si están aquí o allá. En esto tiene también su parte de mérito Luque, que mueve con soltura a los intérpretes, de manera que unos minúsculos cambios de mobiliario bastan para dar idea de las entradas y salidas en un salón imaginario o de los paseos al aire libre. El esquema escenográfico funciona, aunque su aspecto sufre por unos acabados mejorables.

    María Adánez y José Manuel Poga componen una pareja protagonista llena de encanto. Los personajes son simpáticos, ellos son simpáticos. Toda la fuerza de la pieza se asienta en esa corriente de simpatía. Pepa Rus, en varios papeles, cada vez se acerca más a la gran Rafaela Aparicio, y con eso está todo dicho.

P.J.L. Domínguez

          

miércoles, 21 de septiembre de 2016

MI LUCHA

Sala: Teatros Nuevo Apolo Autores: Félix Sabroso, Antonia San Juan, Arthur Lee Kopit,   Pedro Almodóvar y Enrique Gallego Directora e intérprete: Antonia San Juan Duración: (he perdido el apunte)
Información práctica (el enlace no operativo puede significar que no está en cartel)


Encuentro la foto en aforolibre.com
Me he puesto a repasar todo lo que no publiqué la temporada pasada y acabo de caerme de un guindo inesperado: se me olvidó Mi lucha. Sigue en cartel, así que quizá sirva de algo que les copie la crítica de la Guía del Ocio:

Hay grandes intérpretes que se trasmutan en otro como por arte de alquimia, y es un espectáculo verlos. Dejan de ser lo que son para encarnar una sustancia distinta. Pero los hay también que, poseedores de ese don indefinible que llamamos carisma, saben usarlo como una varita mágica para tocar con él al personaje y construirlo sin dejar de ser lo que son. Como Antonia San Juan.

    Sumemos: actúa sola y es una actriz muy popular en su registro cómico. Pero la etiqueta que parecería resultar de esta suma -monólogo cómico- se queda muy corta. En primer lugar, los textos y su interpretación están lejos del humor inocuo de lo que el gran público entiende últimamente por monólogo (la stand-up comedy). La crítica de algunos estándares sociales –del periodismo rosa al españolismo militante- es feroz, y no salva ni al público presente. Pero, además, lo que otorga su verdadera dimensión al espectáculo es el ir y venir de la San Juan de sí misma a los personajes y regreso. 

En una atmósfera de humor cáustico y denso, desfilan mujeres más o menos alejadas de la realidad (la modelo en declive, la viuda negra, la gemela psicópata, su propia gemela lumpen) hasta que llega una que está en el mismo centro de la realidad sucia: una prostituta. El monólogo en el que se solapan el personaje y la actriz, entre el melodrama y el disparate, es la cumbre de la función.

Tengo unas cuantas cosas más de las que no dije nada, completamente caducadas pero que merecen reseña. A ver si exprimo algún minuto de aquí y de allá para escribir algo.
P.J.L. Domínguez

          

viernes, 16 de septiembre de 2016

INCENDIOS

Sala: Teatro de la Abadía Autor: Wajdi Mouawad Director: Mario Gas Intérpretes: Ramón Barea, Álex García, Carlota Olcina, Alberto Iglesias, Laia Marull, Edu Soto, Nuria Espert y Lucía Barrado Duración: Primera parte: 1.20' Entreacto: 25' Segunda parte: 1.30'
Información práctica (el enlace no operativo puede significar que no está en cartel)


Soto, Barrado, García, Espert, Olcina, Marull, Iglesias y Barea.

El resumen que colgué aquí el pasado 16 de septiembre tenía sólo cuatro palabras:

CORRAN A COMPRAR ENTRADAS


Pues bien, esto que me pongo a escribir ahora tiene que reproducir el mismo encabezamiento, porque ayer se anunció que Incendios se repone esta misma temporada, del 21 de junio al 16 de julio. Si se les ha pasado a la primera, espabilen para la segunda: ya están las entradas a la venta, y supongo que volarán.

Esto fue lo que publiqué en la Guía del Ocio:

Esta historia sobre la sinrazón de la violencia nos la han contado mil veces, pero pocas nos la han contado tan bien. Incendios, incorporada desde su estreno en 2003 al repertorio internacional, resalta la pequeñez de otros intentos, recibidos entre nubes de incienso, que no le llegan a la suela. Mouawad entrelaza el horror de la violencia colectiva con el horror de la violencia familiar y actualiza la tragedia griega -que tanto nos gusta imaginar como inicio de nuestro teatro- con idéntica simplicidad espeluznante. Y lo hace con un enorme talento en la construcción de los diálogos y la sucesión de escenas. El ir y venir del presente al pasado desvela gradualmente la magnitud del espantoso final que todo lo explica.

    Gas ha puesto en pie una versión que nada tiene que envidiar a la que dirigió el autor y visitó el Teatro Español en 2008. Si no me engaña la memoria, diría que incluso mejor hilada. Tres horas largas con el espectador atrapado y en vilo. La escenografía de Fillion, Ramos y Luna y las interpretaciones se ubican en esa misma simplicidad que remite a los orígenes, exceptuado el leve histrionismo –necesario- del monstruo. Es muy difícil elegir entre todo esto, pero al lado de la excelencia esperable (Espert, Barea) me quedo con la modestia de Carlota Olcina. Aunque todos están impecables. Gran función.

Ya que estamos, les voy a copiar la crítica de 2008:

Teatro convencional hecho con la inteligencia de quien sabe lo que ha ocurrido desde que el teatro de texto es sólo una opción más. Sustentado sobre un tema literario también conocido: la muerte de alguien empuja a sus descendientes a escarbar en el pasado. El relato avanza en un caos de piezas que no encajan, presentadas en flash-back a medida que las pesquisas de los vivos iluminan la horrenda peripecia de los muertos. Hasta que al final –ultimísimos minutos- el horror contingente desemboca en el puro horror arquetípico. No diremos más para no destripar nada; sólo que la crítica a la violencia se eleva al lamento cósmico propio de la tragedia griega.

    Antes, Mouawad ha construido un mosaico sin desperdicio de las actitudes humanas frente a lo inevitable. Por ejemplo, el breve parlamento con el que la protagonista convence a su amiga del alma de lo absurdo de responder a la violencia ciega con la misma moneda da sopas con honda a ese monumento a la vacuidad que Mayorga ha estrenado entre nubes de incienso (que yo sepa, sólo Savater se ha atrevido a decirlo, por más que me fastidie coincidir con él). Para caer a su vez en el remolino de la sangre que llama a la sangre, que acaba de condenar y al que se condena. Sin dosis masticables de material ideológico, el espectador ve y juzga.

    Le parece a uno que ha oído esta historia muchas veces pero que pocas se la han contado tan bien. Me recuerda en ese sentido, mutatis mutandis, a Baricco. Obviedad final: es muy difícil que quien no conoce en propia carne lo que es ser otro discurra con lucidez sobre estas cosas de identidad, violencia y sufrimiento. Mouawad es libanés (otro por antonomasia) y trabaja con quebequeses (los otros entre los norteamericanos blancos). Ninguna casualidad. 

Y algunas cosillas de propina:

1.- A distancia de ocho años, escribí otra vez eso de que la historia nos la han contado muchas veces, pero pocas así de bien. Eso prueba, en primer lugar, que el cerebro almacena mucho más de lo que imaginamos, pero se debe también a que, en ambos, casos, Incendios había ido precedida por funciones ubicadas en terrenos próximos que no son dignas de atarle los cordones de los zapatos. En 2008, por La paz perpetua de Mayorga. Una banalidad. En 2016, por Tierra del fuego de Mario Diament. Resulta -ya ni me acordaba- que en la crítica de esta última saltaba Incendios: "Salí con la intensa sensación de que alguien había intentado escribir Incendies explicada a los niños. Incendies más corta, más fácil, más sosa." Y no tenía ni idea de que estuviera programada (o no era consciente, absorbo todos los días toneladas de información sobre estrenos y programaciones, críticas de espectáculos, entrevistas a todo Blas, noticias sobre política cultural... y se me acaba formando un magma del que a veces emergen datos aislados, como esas burbujas que hacen plop en las sopas de lava o los pantanos tenebrosos de las pelis de serie B).

Circula aún La mirada del otro, que se ha exhibido en Colombia coincidiendo con el referéndum. Ya saben: los colombianos aceptan comentarios sobre la violencia, siempre y cuando sea la nuestra y no la suya. Nosotros los aceptamos siempre y cuando sea la de Oriente Próximo y no la nuestra. Etcétera. Bienvenidas sean las reflexiones, aunque sea por la vía del reflejo en el espejo ajeno (¿han pillado el juego de palabras?). La mirada del otro tiene la valentía de hablar aquí de nuestra violencia, aunque no puedo decirles nada, porque no pude verla. Ahora mismo hay otra violencia ajena -Masked, en los Luchana- que aún no he podido ver.

En resumen, Incendios es una magna obra sobre la violencia política, a la altura -lo ha dicho todo el mundo desde su estreno- de los modelos griegos. El monólogo citado en mi crítica de 2008 (aquí es Laia Marull la que explica a Lucía Barrado que la venganza sólo llevará a la perpetuación de la espiral del horror) está a la altura de los grandes trágicos. Tuve una superposición momentánea de Katharine Hepburn en Las troyanas, versión Cacoyannis. Como en (casi) todas las grandes obras, no hace falta que nadie nos explique las cosas como si fuéramos tontos. Lo que ocurre lo explica todo. 

2.- Usé la palabra "caos" en 2008. Es cierto que una gran parte de la función es un rompecabezas que sólo se resuelve al final, pero mi sensación es muchísimo más ordenada en la versión de Gas, que avanza paso a paso sin que uno tenga la menor sensación de avanzar por terreno incomprensible. Pero no se fíen en exceso de la memoria, ni de la mía ni de la de nadie.

3.- Sorprendente coincidencia de duración. La versión del autor en 2008 duraba tres horas diez, con veinte minutos de entreacto. Esta de Gas, tres horas quince con veinticinco minutos de entreacto. Datos, obviamente, de las funciones a las que asistí. O sea: dos horas cincuenta clavadas en ambos casos. Es rarísimo que haya semejante coincidencia en una duración tan larga. Quiere decir, nada menos, que la percepción temporal de Gas ha sido idéntica a la de Mouawad, algo muy infrecuente.

4.- Ocurre a veces que todo va tan bien que los miembros del elenco se transmiten una especie de fluido vital que recorre la escena y que los coloca a todos en un nirvana interpretativo. Son esas raras ocasiones en las que nadie desentona en un grupo numeroso. El aura ha cubierto hasta a quien tenía, probablemente, el cometido más ingrato de todos: sacar adelante seis papeles, a cual más corto. Alberto Iglesias sale del paso con nota. Tiene, afortunadamente, un papel en el que resarcirse de tanto salto de la rana; breve, pero intenso y fundamental, porque es el que revela el gran dato oculto. No era fácil hacerlo creíble (y más difícil si ya te has cambiado seis veces de ropa y personalidad. Creí, cuando Sócrates, que quizá tenía con él uno de esas incompatibilidades de sensibilidad que de repente te descubres frente a un intérprete, incomprensibles e irremediables, pero no es así. Está aquí estupendo.

Soy admirador de Edu Soto (aquí tienen las entradas del blog que le mencionan). Sólo una cosa, para los directores de escena que me leen. De acuerdo, borda este registro pasado de rosca, histriónico, el del monstruo. Pero no olviden que tiene otros igualmente excelentes. 

Por lo que veo aquí, Carlota Olcina ha hecho teatro en catalán. No la he visto, pero me encantará verla otra vez. Barea... Barea for president. Lo que Álex García puede hacer se apreció en el Dani y Roberta de Gual. Luego estuvo en Los hijos de Kennedy de Pou, una función fallida, y más tarde en aquel inefable El burlador de Sevilla de Facal. Ahora repite oportunidad de lucimiento y la aprovecha. Un tipo joven y guapo, boxeador, el duro que se opone a las intenciones de su hermana de investigar el pasado familiar y que muestra su resentimiento contra la madre muerta... terreno abonado para una actuación extra-energética como la que les pidió Facal. Afortunadamente, no es el caso. Está exactamente en su lugar insolente y retador, y también cuando le llega el turno de destrozarse por dentro.

Espert. Les voy a decir algo. No a todo el mundo le gusta la Espert en la profesión. Para gustos se hicieron los colores, claro está, y hasta San Francisco de Asís y Graham Bell tienen detractores. Le suelen reprochar un leve soniquete que a veces se percibe en su prosodia. A mí (y a otros varios millones más) no me ha molestado nunca, me parece que lo dosifica perfectamente. Estaba en La loba -donde el personaje podía hablar así sin la menor duda-, no había ni rastro en La violación de Lucrecia -donde hubiera sido absurdo-. Por hablar de lo último que le he visto, que me perdí Lear. En fin, que pasen por La Abadía todos los que alguna vez han encontrado excesiva esa pronunciación cantarina, que a la salida se van a apuntar en masa al club de fans más cercano. Sólo voy a señalar un momento. Espert tiene que oír algo horrendo. Si aún no la han visto, estén atentos cuando asiste a la deposición del criminal de guerra ante el tribunal. Lo que Gas y ella han urdido tiene la grandeza de la sublimación trágica. Y no afloja ni un solo segundo de los que pasa en el escenario. Espert, que nos dure.


5.- Los amontoné en la crítica en papel, pero Carl Fillion es el escenógrafo, Felipe Ramos el iluminador y Álvaro Luna el autor del vídeo. La escenografía se limita a una superficie vertical situada en el centro del escenario y a dos suelos de arena a uno y otro lado. Ven ese paramento vertical, con su puerta, en la foto. El vídeo se proyecta exclusivamente ahí, y no puedo explicar el rendimiento obtenido con esa operación. El escenario es mil lugares distintos. Hay escenas que se producen simultáneamente, éstos en el presente y aquéllos en el pasado, y -como ven también en la foto- necesidades de iluminación que coexisten con las proyecciones. O sea, que Fillion, Ramos y Luna se han tenido que comportar como un monstruo de tres cabezas para parir entre los tres un único objeto multiforme. Bingo. Auguro premios.

Estaba convencido de haber escrito en la crítica en papel "gran versión en la que casi no sobra nada", pero resulta que esa frase no sale. A veces tengo que andar recortando, y desapareció ese "casi". Se refería a la música. Aunque uno de los grandes momentos de la función es musical -Soto cantando Mother- en general, despista. No quise concentrarme en recordar los cortes que se iban sucediendo, pero la sucesión de estilos es incoherente y hace exactamente lo que la música no debe hacer: distraer la atención del espectador hacia el "¿qué es eso que suena?".

Saquen entradas para junio.
P.J.L. Domínguez

          

RUNNERS

Sala: Teatros Luchana Autora: Karina Garantivá Director: Ernesto Caballero Intérpretes: Reparto: Janfri Topera, Silvia Espigado, Daniel Moreno, Mara López y Karina Garantivá Duración: 1.30'
Información práctica (el enlace no operativo puede significar que no está en cartel)

Silvia Espigado, Mara López, Daniel Moreno, Karina Garantivá y Janfri Topera.
La idea es buena. Un cincuentón que jamás ha practicado deporte alguno decide correr un maratón y cae en manos de un grupo entre gimnasio enrollado y secta satánica. Daba para uno de esos relatos que se han constituido en toda una corriente en la literatura contemporánea y que no sé adjetivar. Echen un vistazo a Residuos de Tom McCarthy, por ejemplo, y se hacen una idea. También algunos textos de Juan José Millás se mueven en esa órbita del... ¿realismo ampliado? Entiendan la expresión como análoga a la de "tonalidad ampliada". Narraciones a un paso de abandonar del todo la realidad, pero aún vagamente de este lado. He rebuscado un poco los comentarios a McCarthy a ver si encontraba alguna expresión más clara y he dado con algunas ilustrativas. "Gracias al interés de McCarthy por los detalles, la fantástica trama siempre mantiene un halo de autenticidad". "Atmósfera lúcida y al mismo tiempo algo desquiciada". "Siempre en la frontera de lo fantástico y lo excéntrico". Como ven, todas abundan en el contraste entre lo real y lo no real, mezclado en la misma trama y produciendo una emulsión inquietante de contrarios. "Halo de autenticidad" mola, frustra la expectativa del lector que, tras "halo", suele encontrar lo contrario: "irrealidad" o sus equivalentes. Creo que me la voy a apropiar.

No es el tipo de literatura que más me gusta, desde luego, debo de ser un tipo aburrido e inseguro, de esos que buscan certezas. Cuando he escrito inquietante me ha golpeado la memoria Pippi Langstrump, que me producía una intensa desazón ya en la infancia. Una narración de cosas que teóricamente podrían suceder, pero que nunca suceden, como que una niña viva sola con un mono y un caballo. No sé quién es el autor de la expresión "en la frontera entre lo fantástico y lo excéntrico", pero viene como anillo al dedo.

Volvamos a Runners. Esta Ciudad del Deporte (o algo parecido), estos programas de actividad física que se llaman Cadena Solidaria, estas irrupciones de la publicidad en el curso de la trama, esta relación desquiciada entre el gurú y la discípula aventajada en la manipulación... son elementos que, superpuestos al drama personal del protagonista que focaliza en el ejercicio físico su inmenso deseo de superar la mediocridad en la que vive, daban perfectamente para una historia del tipo que comentamos.


Mara López, lo mejor de la función
Pero ahí acaba lo bueno, en la idea, no hay nada más. Para ser escrupulosamente justos, Silvia Espigado coloca con intención algunas réplicas y Mara López muestra una encomiable frescura, sorprendente en medio de un texto de cartón y una dirección que parece mentira que provenga de la misma mano que montó Vida de Galileo hace nada o Montenegro hace unos años. Espero verla en algo más. [Por cierto: Mara se llama exactamente igual que una actriz porno. En la época de Google, y en mi modesta opinión, quizá debiera cambiarse el nombre artístico, ahora que está a tiempo] Janfri Topera, estupendo en la citada Montenegro y en Rinoceronte, y Daniel Moreno, un tipo solvente, se defienden como pueden. 

Vi Pedro y el capitán, Backstage y Runners la misma semana. Juzguen cómo acabé. También vi Mi madre, Serrat y yo y Viva el pasedoble español, pero -aunque ninguna pasará a la historia de las artes escénicas- el nivel de aburrimiento se mantenía en los límites de lo soportable. 

* * *
Escribí la entrada hace unos días, pero no la publiqué porque algo me rondaba el cerebro y no terminaba de emerger. Una resonancia. Ya la tengo: Los nadadores nocturnos. Un grupo de inadaptados que se reúnen para hacer ejercicio físico. No se me encocoren, que ya lo sé: como comparar a Dios con un hámster.
P.J.L. Domínguez

          

martes, 13 de septiembre de 2016

IDIOTA

Sala: Teatro Pavón Kamikaze Autor: Jordi Casanovas Director: Israel Elejalde Intérpretes: Gonzalo de Castro y Elisabet Gelabert Duración: 1.15'
Información práctica (el enlace no operativo puede significar que no está en cartel)


Ésta fue mi crítica en la Guía del Ocio:

Dicen que hay gente que se lee los contratos antes de firmarlos, pero debe de tratarse de una leyenda urbana. Yo no conozco a nadie. Eso es lo que le ocurre al protagonista de Idiota, que no se lo leyó: lo que parecía un camino de rosas para  salir de una situación económica más que apurada, llevaba en realidad a un callejón sin salida digna.

    Idiota parte con el listón muy alto. Imposible verla sin recordar Hey boy heygirl o Un hombre con gafas de pasta, escritas por Jordi Casanovas, o Sótano, dirigida por Israel Elejalde, artefactos que encerraban una energía expansiva de gran potencia. Idiota no alcanza la complejidad de la primera o la capacidad de reflejar lo tenebroso de las otras dos, pero probablemente tampoco lo pretendía al empaquetar su inquietante moraleja en un envoltorio de comedia equidistante entre lo plausible, lo disparatado y una leve anticipación futurista subrayada por la escenografía. 

Elejalde la ha dirigido con talento para el género, manteniendo un tono comedido y sin dejar que se le pasara de vueltas. Ha contado con la gran capacidad de Gonzalo de Castro para provocar empatía con cualquier personaje, por torpe que sea, y con el rostro impasible de Elisabet Gelabert, imprescindible para sostener estas situaciones inverosímiles. La función pasa ligera y amena.

Y alguna cosilla que no cabía allí:

Ahora que ya hace más de un mes que la vi y se me ha asentado, lo tengo más claro que cuando escribí lo anterior. El texto no está a la altura de lo que le he visto a Casanovas y tampoco a la de la elección anterior del director. ¿Cabría mejorar la puesta en escena? Me parece que difícilmente. Elejalde ha sacado un enorme rendimiento de una historieta poco más que simpática, y me quedo con ganas de verle más de éstas de dos intérpretes (dice en el programa que hay "algo esencial" en ellas, como también les he dicho yo a menudo). Las interpretaciones están en su sitio. El ritmo de la función, muy bien medido. La escenografía de Eduardo Moreno (encontrarán referencias a trabajos anteriores en mi crítica de Deseo), perfecta para esta ficción que se desarrolla en un lugar que no debe parecer ningún lugar. Yo diría que sólo desentona el vídeo. El espacio escénico está colgado en un limbo que podría tanto ser realista como no serlo, pero las escenas de vídeo están rodadas con una verosimilitud sin fisuras y pegada al terreno, más propia de una serie de polis en Antena 3.

Nota final: Elisabet Gelabert ha hecho cosas tan serias como Veraneantes con del Arco o Maridos y mujeres con Rigola. Pero quizá es el contraste entre este papel gélido y su participación en el simpático trío de pilinguis (en terminología de la época) en la Maribel y la extraña familia de Vera lo que más puede ilustrar su fantástica versatilidad. 

Pues no, faltaba otra nota: creo que pocas veces he visto una política de comunicación más efectiva que la de Kamikaze.
P.J.L. Domínguez