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lunes, 1 de octubre de 2018

MALAS HIERBAS

Sala: Teatro Lara Autor y director: Carlos Be Intérpretes: Carmen Mayordomo, Joan Bentallé y Lidia Navarro 
(la función ya no está en cartel)

Mayordomo, Navarro y Bentallé. Ojito a la peluca y el vestuario.
Ésta fue mi crítica en la Guía del Ocio:

A UN PASO DE PASO

Carlos Be es, quizá, de todos los dramaturgos que trabajan en Madrid, el más saltarín. De estreno a estreno, un salto. Nada nos gusta más a los críticos que ponerle etiquetas a todo, pero este hombre parece empeñado en no dar facilidades y no se queda quieto en ningún sitio. Un experimentador. Salta ahora de la extrema truculencia de Peceras, exhibida hace poco en el Lara, a una comedia que, aunque inspirada en una trama de Joaquín Calvo Sotelo (todo vuelve, quién se lo iba a decir a mi generación), está a un paso de Alfonso Paso, y conste que lo digo como elogio. Antes se dejaría estrangular que comportarse modosito con las reglas de este o aquel estilo, así que Malas hierbas desborda por aquí y por allá lo que sería el marco estricto de la comedia burguesa de salón. Me parece a mí que el calco le ha salido tan bien que el efecto general sería extraordinario si, por una vez, se traicionara un poco y dejara el texto en lo más convencional, podadas las licencias.


    Excelentes intérpretes, con Carmen Mayordomo y su peluca a la cabeza (en ambos sentidos). Bordaría igual a Lady Macbeth que a la tonta del bote. Ella, Bentallé y Navarro se acercan al disparate extremo, pero saben frenar y volver un poquito más acá, arte imprescindible en la comedia pasada de vueltas. El vestuario de Guadalupe Valero empuja en la dirección adecuada.

P.J.L. Domínguez
          

lunes, 24 de septiembre de 2018

EL CURIOSO INCIDENTE DEL PERRO A MEDIANOCHE

Sala: Teatro Marquina Autor: Simon Stephens, a partir de la novela de Mark Haddon (traducción de José Luis Collado) Director: José Luis Arellano Intérpretes: Álex Villazán, Marcial Álvarez, Lara Grube, Mabel del Pozo, Carmen Mayordomo, Anabel Maurín, Boré Buika, Eugenio Villota, Alberto Frías y Eva Egido Duración: 2.15' (con un entreacto de 15') 
Información práctica (el enlace inactivo puede significar que la función ya no está en cartel)


Villazán es de lo poquito que se salva de la función
He vuelto. Por una vez, voy a ahorrarles la murga sobre los efectos del calor en mi cerebro y sobre las múltiples ocupaciones laborales y familiares y blabla que me alejan del blog. He hecho propósito de enmienda, así que pueden ir preparándose.

Salí del Marquina con un par de perplejidades. La primera, de peso. Resulta que considero a Arellano un director de gran talento. Nunca le había visto patinar. Y de toda la producción que le conozco, al menos un par de cosas han sido notables. Ésta es un tostón de cuidado. No es que me parezca mal esto o que aquello esté flojo. Es que me pasé las dos horas largas intentando echar una cabezada, a ver si transcurrían más livianas. Quiá, ni por esas, en mis ya largos años de vida sólo he conseguido dormirme en el teatro una vez (y eso que el espectáculo incluía un desternillante faldón de camisa saliendo por la bragueta de uno de los actores, que no se había dado cuenta).

No arranca nunca. Y uno no pierde la esperanza. Incluso durante el entreacto seguí pensando "todo esto será para preparar lo que viene ahora". No viene nada. No les voy a endilgar uno de esos análisis al bisturí que tanto les divierten, que tengo mucho trabajo atrasado. Me voy a limitar a un par de detalles. La escena cumbre del desconcierto es la del protagonista que se cae a la vía del metro. ¿Imaginan la desazón que eso les produciría si estuvieran viéndolo desde el andén? Aquí charlan los dos viandantes como si en vez de una vida humana lo que estuviera en juego fuera sellar la papeleta de la bonoloto (si es que se sellan). ¿Efecto contraste? Si la intención era ésa, aún peor, no se aprecia.

El otro detalle que voy a mencionar es nada menos que un desconcierto actoral que ríete tú de los peces de colores. Antes, la lista de supervivientes: Villazán está perfecto (y como siempre que ocurre algo así, me pregunto cómo hace un actor para bordar su papel en medio de un desastre generalizado). Todo el mundo me ha dicho lo mismo, vaya pedazo de protagonista. Hay que estar atentos a este chico, que era un chico cuando Hey boy hey girl pero que ya no lo es tanto. Mabel del Pozo (¡acabo de darme cuenta de que no colgué la crítica de Trainspotting!) y Carmen Mayordomo (¡tampoco colgué Malas Hierbas!, lo haré, lo prometo) se salvan de la quema. La primera -y diría que última- escena en la que parece que el invento va a ser capaz de sostenerse en el aire es la del primer encuentro del muchacho y su vecina, la Mayordomo. Por fin, un diálogo verosímil. Después, todo vuelve a su (triste) cauce. Del Pozo hace alguna pequeña maravilla dando réplicas justas a pies imposibles. De los demás no quiero hacer sangre, porque me pareció evidente que el problema estaba en la dirección. Lara Grube está en otra función, una de unicornios con crines arcoiris. Me ahorro el comentario sobre el enfoque del personaje de la Sra. Shears. Marcial Álvarez tiene una salida triunfal en la que lo único que hace es gritar y llevarse una lata de cerveza a la boca, como si no supiera qué otra cosa hacer con el brazo. Por Dios, que grite menos. Además, yo creía que a estas alturas esa forma de impostar la voz para gritar sin destrozarse la garganta ya no era de recibo, es decimonónica (bueno, no estuve en el XIX, pero es a lo que suena). Sé positivamente que ambos pueden hacerlo mejor. Pero la prueba del algodón de que es la dirección la que va sin norte es que Buika está estupendo en el brevísimo papel inicial en la puerta de su casa y luego no da una en el de novio de la madre.

Les decía que las perplejidades eran dos, y la mayor ésta de la desorientación de un director bregado (en fin, una mala función le sale a cualquiera). La menor es la de los créditos. ¿Escenografía de Gerardo Vera? Echen un vistazo a las fotos de esta versión y a las del montaje original y ya luego me cuentan lo que opinan. 

¿Les suelto una hipótesis general? Es una hipótesis, quede claro. Quizá los responsables del montaje han visto demasiadas veces el vídeo del que se llevó los siete Olivier. Arellano ha demostrado ser un tipo a considerar siempre que ha hecho lo que le ha venido en gana, pero quizá (repito: quizá) no se le da bien esto de seguir un modelo. Lo dicho, una hipótesis.

[Ya las tienen: Trainspotting (con Mabel del Pozo) y Malas hierbas (con Carmen Mayordomo)]
P.J.L. Domínguez
          

jueves, 7 de septiembre de 2017

EN LA LEY

Sala: Cuarta Pared Autor: Sergio Martínez Vila Director: Juan Ollero Intérpretes: Carmen Mayordomo, Ángela Boix, Begoña Caparrós, Carlos Troya y Fabián Augusto Gómez Bohórquez Duración: 1.25
Información práctica (el enlace inactivo puede significar que la función ya no está en cartel)




Ésta fue mi crítica en la Guía del Ocio:

REDENCIÓN

Pasé los primeros diez minutos esperando la catástrofe: panorama postapocalíptico -y feísta-, texto espeso, pistas inconexas sobre lo sucedido y tres personajes atenazados por unas normas férreas que supuestamente aseguran su su supervivencia física y emocional. Diez minutos, pero no más: este plantamiento que ha dado lugar a tantos naufragios avanza firme durante hora y media y sin que se oiga respirar al público.

Es una alegoría, aunque como pasa a menudo (yo diría que casi siempre) sea imposible establecer con seguridad la realidad a la que remite. Cada uno leerá lo que le parezca. Yo vi una excelente proyección del recorrido interior que culmina en la redención de las tres mujeres. Una ilustración dramática de lo que tantos espectadores habrán vivido, a tortas consigo mismos o de la mano de un terapeuta. El espanto del mundo exterior que rodea a la minúscula comunidad es sólo metáfora y marco necesario para el drama interior, como en los cuentos de hadas con lobos o dragones.

Ollero y Martínez Vila consiguen un espectáculo que, sin dar facilidades al espectador, sabe guiarlo hasta el núcleo de la propuesta. Los intérpretes aciertan con el registro justo que les permite mantenerse en un sugestivo lugar equidistante entre el realismo sicológico y la fábula oscura. Un trabajo de gran interés.

Y algunas cosillas que no cabían allí:

Ahora que ha pasado más de un mes desde que la vi -sí, me ha costado MUCHO arrancar el blog esta temporada- veo con más claridad el aspecto de cuento de hadas. Ya saben que el fondo de los cuentos populares es a menudo idéntico: te enfrentarás a todo tipo de peligros durante tu vida, pero saldrás victorioso. Lo sabemos desde Bettelheim. Los dragones, las brujas y los ogros como encarnación de lo que nos aterroriza en los demás y en nosotros mismos. Estas historias de horror after bomb o after lo que sea levantan el vuelo, precisamente, cuando dejan de parecerse a las pelis de carreras de coches o tiroteos y ahondan en la reacción interior de los personajes. Y hay dos salidas: o la sociedad tiránica, violenta e inhumana (correlato exterior de una personalidad dominada por el ello) o el compromiso con la libertad y la humanidad (reflejo de una psique con un yo equilibrado).  Hay un ejemplo relativamente reciente que iba, en parte, por el mismo camino: Serena apocalipsis.

Les he aconsejado alguna vez una novela que no es un prodigio de literatura pero que, sin embargo, describe muy bien cómo, ante los mismos estímulos, una persona puede reaccionar encerrándose en el resquemor y destrozando cualquier posibilidad de una relación armónica con el mundo o aprendiendo a ser cada vez más... humana, no me sale otra palabra. La part de l'autre, cuyos protagonistas son Hitler y lo que Hitler hubiera podido ser si hubiera encajado sus fracasos con humildad y espíritu de superación. Hay traducción castellana.

Ya me perdonarán la terminología freudiana de más arriba, pero mientras hordas innumerables de iletrados se ríen de Freud a carcajadas seguimos esperando que alguien refute, no las descabelladas conclusiones de detalle a las que a veces se entregaba, sino el núcleo duro de su explicación de la personalidad que debería estar escrito en letras de platino iridiado en el frontispicio del saber humano. (Me encanta cuando me salen frases decimonónicas, a veces fantaseo con la posibilidad de escribir un libraco con ese estilo de pastiche). Las tres mujeres de la historia tienen, cada una, un nudo atascado en lo más profundo de su ser. El texto añade dos personajes (el hijo de una y un tipo extraño que viene a simbolizar los conflictos internos de las otras dos) puramente auxiliares. El hijo despista, porque es más de carne y hueso que el otro, pero no es menos auxiliar. Las tres, enfrentadas a Furias y Lestrigones, se han refugiado en la rigidez de la norma, algo que conocemos bien todos los que intentamos combatir la ansiedad con la rutina y las reglas (como la protagonista de La lista, vista también en la Cuarta Pared). En la ley es la historia de cómo es posible agarrar por los cuernos el toro de nuestros miedos y vivir de otra manera. No les estoy hablando de Disneylandia, ¿eh?, nadie ha dicho que sea fácil ni que el resultado nos lleve a Oz, pero siempre es posible encontrar un poco más de serenidad. Eso sí, les aconsejo un buen terapeuta que les acompañe.

La puesta en escena está llena de aciertos, pero quiero resaltar uno: contiene el acto sexual mejor resuelto que recuerdo. Es dificilísimo representar el sexo en escena, porque ocurre como en la siete y media de La venganza de Don Mendo: "Y el no llegar da dolor, / pues indica que mal tasas / y eres del otro deudor. / Mas ¡ay de ti si te pasas! / ¡Si te pasas es peor!" Cuando no se llega es ridículo, cuando te pasas todo se trastoca. Aquí, la ubicación, la iluminación, el vestuario, la interpretación... colaboran para que el resultado se integre perfectamente en lo que está ocurriendo.

A la Mayordomo sólo cabe comentarla con vítores. Me gustó mucho Carlos Troya, en un papel ingrato en el que se mantiene muy centrado. También Ángela Boix y Bohórquez, que está en otro planeta interpretativo, entre duende y demonio. Estupendo vesuario de David Orrico.

Nota final: las interpretaciones son libres. Para que relativicen la mía, las cuento la de una espectadora en comentario que pesqué al vuelo a la salida: es una crítica al comunismo. Lo que les decía, interpretar es libre. Aunque si piensan un poco, el parentesco es evidente. El comunismo -o la planificación llevada al límite- como proyección social de la necesidad de control frente al miedo. ¿Les ha gustado la finta?
P.J.L. Domínguez
          

domingo, 17 de enero de 2016

LOS BUITRES

Sala: La Pensión de las Pulgas Autor y director: Carles Harillo Magnet Intérpretes: Mario Zorrilla, Carmen Mayordomo, Xabier Murúa y Josi Cortés Duración: 1.10'
Información práctica (el enlace no operativo puede significar que no está en cartel)


Cortés, Mayordomo, Zorrilla y Murua
¿Saben qué fecha lleva el borrador de esta entrada? 4 de octubre. Eso les dirá algo del retraso que iba acumulando ya entonces, antes de que las entrañables fiestas entraran en mi planificación temporal como un equipo de rugby en una exposición de belenes. La imagen no es casual, mi Navidad ha incluido visita a la de una asociación belenista. ¿Qué creían? ¿Que sólo de aficionados al teatro vive el mundo? Hay gente pa'tó, y piensen que esto del belenismo no está tan alejado de lo nuestro. ¿Han caído en que el nacimiento y la muerte de Jesucristo son las dos escenas para las que más diseños de escenografía se han realizado? Y con enorme diferencia, ríanse de Hamlet. En el primer caso, además de los diseños pictóricos, las primorosas maquetas se cuentan a miles, y son maquetas con actores, nada de cuatro cartones mal pegados. Hace unos años les invité a ver la liturgia de Viernes Santo con ojo teatral, esta vez les sugiero idéntica perspectiva para los belenes. Un poco tarde, es verdad, a ver si me acuerdo de repetirlo allá por noviembre, cuando la amenaza no sea fantasma sino inminente.

Entre obligaciones familiares y comidas excesivas, tengo el blog abandonado desde hace un mes. He perdido la cuenta de las funciones vistas y sin reseñar (algunas han salido ganando con mi silencio, desde luego). Y mi propósito de Año Nuevo es publicarlas TODAS. La confianza puesta en éste es tan grande como la esperanza de que el de los tropecientos novatos que bloquean el vestuario de mi gimnasio se frustre cuanto antes, como todos los años. En contra de mis tendencias organizativo-obsesivas, y teniendo en cuenta que es más operativo hablarles de lo que está en cartel, iré publicando hacia atrás. Parece contradictorio empezar por Los buitres, pero no es así. Aunque yo la vi en septiembre, ha vuelto a la cartelera, y mi crítica en la Guía salió hace dos días. Aquí la tienen:

El título correcto para la crítica era pastiche, pero hubiera sido malinterpretado. Imposible evitar el matiz despectivo de una palabra que, en su original francés y en contexto literario, designa sin menosprecio un juego del ingenio consistente en reconstruir el estilo ajeno. Los buitres (o la muerte de los amantes), es una ingeniosa paráfrasis de una obra concreta: La danza de la muerte, de Strindberg. Idéntica transmutación del amor en infierno, idéntica visita del tercero. Curiosa carambola de parentesco: también la última versión vista por aquí, la de Cortizo, añadía una criada. Curiosa circunstancia que lo acentúa: el rumor del aire acondicionado evoca las rompientes de la isla en la que se desarrolla el texto madre.

    El riesgo del rídiculo, del dramón impostado con ropaje de época, acechaba en cada esquina, pero se ha evitado con éxito. Pier Paolo Álvaro ha conseguido soslayar con sorprendente eficacia el aspecto de saloncito sesentero de La Pensión de las Pulgas. La dirección no ha tenido el menor empacho en dibujar, desde el primer trazo, dos personajes extremos que, sin embargo, consiguen armar su propia verosimilitud. Y los intérpretes habitan ese lugar improbable y se calzan el vestuario de metafórica rigidez alambicada con la soltura de quien lleva mucho tiempo ahí, en esa cárcel que les da menos miedo que cualquier huida. Están estupendos.

Y aquí les dejo alguna cosillas que no cabían allí:

https://lapensiondelaspulgas.files.wordpress.com/2015/09/cggdqqowyaa6v2b.jpg
1.- Prefiero siempre ponerles alguna foto real de la puesta en escena, pero esta vez no encuentro ni media. Es una pena, porque, como apuntaba en la crítica en papel, Pier Paolo Álvaro se las ha arreglado con dos cosillas (unas ramas secas, una mesa vestida) para que el saloncito de La Pensión de las Pulgas deje de ser el saloncito de La Pensión de las Pulgas (algo que, me parece ahora sin pensarlo mucho, no había ocurrido nunca). Tampoco  creo que una foto pueda dar mucha idea de la transformación: por si no han estado nunca (qué inmenso error), no es un escenario que permita una vista frontal de conjunto, sino una habitación en la que el público se sienta alineado contra las paredes, como las muchachas que esperaban a que alguien las sacara a bailar. Para compensar, las fotos promocionales no sólo son excelentes, sino que responden bastante bien al carácter real del montaje (algo que no siempre ocurre). Son de Gabriel Galíndez, del que no encuentro referencias que poder darles. Les inserto aquí un montaje con los cuatro personajes y una simpática rapaz, metáfora visual del carácter, sobre todo, de la también simpática pareja protagonista.

2.- Si no están familiarizados con Strindberg, yo debería recomendarles que se apresuraran a leerlo. Pero como son ustedes gente atareada, estamos en 2016, la posmodernidad se ha llevado los melindres por delante y ha quedado perfectamente establecido que eso que está haciendo Ron Lalá en la Comedia diferencia netamente a sus espectadores (que aplauden puestos en pie) de los infames consumidores de telebasura, creo que será suficiente con que se asomen a Los personajes femeninos de Lovborg, donde Woody Allen parodia a Strindberg. Con eso les bastará para asimilar que lo suyo es el sufrimiento. 
Dorf: ¡TomamedidatadrásticasNett¿poqué ndejarlconservalenfermedainnombrable de Padre? Tavepudiéramollegaucompromiso. Tavemdejarítenelosíntomas.
NettaCompromiso¡ja¡Tmentalidadclase medimponenferma¡OhMoltvickmhastítantestmatrimonioMhastíatuideastumaneras, tuconversacionesthábitdponertplumas para cenar.
No es Strindberg, es Allen, pero el efecto -excluida la vuelta de tuerca grotesca, claro está- es idéntico: angustia, la palabra emponzoñada, el odio como forma de amor (ya lo dice Luis Muñoz en esta espléndida crítica). La capacidad de Harillo Magnet de sintonizar su teclado en esta frecuencia ajena y producir un calco de tal calidad -un perfecto pastiche, como decía en la Guía- denota una inteligencia rara (RAE: extraordinario, poco común o frecuente). Me quedo a la espera de ver lo siguiente que se le ocurra.

3.- Si sigo cantando las alabanzas de Carmen Mayordomo empezarán a pensar que somos primos (o algo peor). Muñoz dice en la crítica citada "...una actriz luminosa y camaleónica, sin duda una de las mejores que pisa los escenario". No se puede ser más sucinto y más claro, ni se puede estar más de acuerdo de lo que estoy. Mayordomo es una de las mejores actrices que pisan los escenarios de Madrid, así de claro. A Mario Zorrilla creo que no lo había visto nunca (es bastante popular por El secreto de Puente Viejo, pero casi no veo tele) y a Xabier Murúa lo vi en algo que no dejaba ni sospechar el talento de nadie y que me costó un disgusto (agua pasada). Les digo a menudo que es difícil juzgar a un actor por lo primero que se le ve, pero lo que ambos hacen aquí deja poco lugar a dudas. "Rigidez alambicada" eran mis palabras en la Guía respecto a un vestuario al que otorgaba valor metafórico, porque así son los dos caracteres: rígidos y alambicados. Es un vestuario que debe de molestar lo suyo y, a la vez, ayudarles en la composición. Lo de Zorrilla está entre Falstaff y el patriarca de La gata sobre el tejado de zinc, o sea, entre la algazara mordaz de la farsa y la amargura sorda del drama, una cosa como inventada a posta para patinar y partirse la crisma. Los primeros minutos hacen temer cualquier cosa, porque el asunto empieza bronco e intenso, pero todo cuadra. El personaje está clavado. Igual que el de Murúa, que viaja a otras regiones: exhibición de formalidad, una moralidad que lo acompaña tan a la vista como la cartera que porta... hasta el resquebrajamiento y el pavor. Se han detenido, como exigía una función con un pie en el realismo sicológico, otro en el cuento de miedo y el tercero en la fábula moral pasada de vueltas, a algunos centímetros del estereotipo, con la medida de verosimilitud precisa. Un gran trabajo. Y también un trabajo interesante el del enfoque de dirección, que se aleja sutilmente, en la dirección opuesta al realismo, de lo que esperaríamos en un Strindberg (véase el de Cortizo). Cualquiera disfrutará de la pieza, pero me parece que la apreciarán especialmente los profesionales del medio.
P.J.L. Domínguez
          

jueves, 2 de abril de 2015

ETERNO CREÓN

Sala: Teatro Galileo (el viernes 3 de abril en Nave 73) Autor y director: Manuel De (basado en La tebaida de Jean Racine) Intérpretes: Carmen Mayordomo, Iván Ugalde, Jesús Calvo y Manuel Domínguez Duración: 1.15'
Información práctica (el enlace no operativo puede significar que no está en cartel)


Mayordomo, Dominguez, Calvo y Ugalde. No se dejen influir mucho por la foto. Este registro-tragedia sólo ilustra media función.
Ésta fue mi crítica en la Guía del Ocio:


    Si el estilo es el hombre, como dijo Buffon antes de que la mujeres accedieran al rango de persona, Manuel De tiene que ser un tipo con estilo. Tomar una parte de La tebaida de Racine, destilarla, trocear lo que queda a base de interrupciones meta-teatrales (del tipo “el autor propone un juego al espectador”), intercalar un fragmento de Lorca, detener la acción con proyecciones o partidas de ping-pong mimadas, pasar de la interpretación convencional al simbolismo de un cubo de sangre o la coreografía casi bailada del combate entre Eteocles y Polinices… era mucho arrojo. Así condensada parece la crónica de un desastre, pero, como decía, hay estilo en todo esto, y una sorprendente coherencia se va asentando a medida que la función avanza.


    Nada se tendría en este complicado equilibrio sin la capacidad de los cuatro intérpretes. A Mayordomo y Ugalde los he visto torear con éxito cualquier cosa, conocía menos a Calvo y nada a Domínguez, pero están los cuatro a la altura del reto, saltando ágilmente de una a otra zona, de la intensidad a la indolencia, de la tragedia al salón de actos. Los cuatro, las dos docenas de focos, las proyecciones y una estupenda banda sonora construyen un interesante artefacto lleno de pequeñas trampas que funcionan: “Lo que más deseas tú es la corona; yo, la muerte. Dejemos de estorbarnos”. Parece Racine, pero no lo es.

El autor/director se llama Manuel De, y no Carlos De como erróneamente publiqué en papel. Y ya puestos con el asunto de los nombres, el que tradicionamente se ha usado en castellano para el tres veces rey de Creta es Creonte. Creón es calco del francés Créon usado por Racine. A ver si tengo un ratillo estos días para ampliar un poco.
P.J.L. Domínguez
          

jueves, 5 de junio de 2014

YO AMÉ A EDGAR ALLAN POE

Sala: La Casa de la Portera Autor: Edgar Allan Poe (versión de... no figura en el programa de mano) Directora: Pilar Massa Intérpretes: Pilar Massa y Carmen Mayordomo  Duración: 1.05'
Información práctica (el enlace inactivo puede significar que la función ya no está en cartel)




Joé qué foto, ¿eh? Una imagen vale más, y todo eso. Me parece que ésta cuenta la función mejor que todo lo que yo pueda escribir.

No esperen grandes alharacas, ni sustos en plan cinematográfico. Yo amé a Edgar Allan Poe -lo único malo es el título- es una función... yo diría que serena y apacible, a pesar del asunto. El asunto son tres relatos: El corazón delator, El gato negro y -estuve cruzando los dedos para que el tercero fuera mi favorito- Berenice, mi favorito. Supongo que no quedará nadie en el planeta que no los haya leído, pero, si se les han despistado, no sigan perdiendo el tiempo y malgastando su vida: les he puesto los enlaces en los títulos para que no tengan que molestarse más que en mover un dedo. Son como los de Borges, no cansan. Me recuerdo a mí mismo leyéndolos a escondidas en la cama, atenazado por el terror. Ciertamente, no me producen ahora el mismo miedo que entonces, pero de vez en cuando sigo cogiendo de la estantería el mismísimo libro de mis ocho años. No voy a determe en elogiar los textos, encontrarán miles de glosas en red y... hasta menciones en los Simpson

Sólo les diré que parecen especialmente aptos para la lectura en voz alta: ganan cuando se oyen. Son testimonio de ello la innumerable cantidad de versiones no dramatizadas (que no reparten voces entre distintos personajes, quiero decir) que se han realizado en todo el mundo, tanto las que simplemente ponen voz a la narración como las que ilustran la historia con imágenes y dejan al narrador en off. Esto no es habitual, el traslado de un cuento al audio o la pantalla suele incluir la dramatización casi por norma. Esta versión, que supongo que es de la directora, apenas retoca los originales. Cambia la primera persona a la tercera, y poco más.  


Goizalde Núñez y Pilar Massa
en ContraAcciones
Le he visto a Pilar Massa ContraAcciones y Un pasado en venta. Eso me basta para saber que es una gran directora de formatos de cámara. La primera me gustó, y me ha gustado más con el tiempo (le puse tres estrellas en la Guía y me pregunto ahora por qué no fueron cuatro). También actuaba, y estaba estupenda. Tiene una mirada abierta y directa que recuerda a la de Luisa Martín. Aquí hay una decisión de interpretación que rinde muy bien: dice todo su relato casi susurrando, sin llegar al nivel de fonación normal más que, creo, una única vez, con el efecto consiguiente. Hay que tener un par de narices (tanto narices de actriz como narices de directora) para aguantarse las ganas de levantar la voz mientras se dicen cosas horribles, pero el esfuerzo merece la pena.

Hablé cuando ContraAcciones de la sobriedad de la puesta en escena, un rasgo que parece característico en Massa, al menos a la luz de estos tres montajes. Cuando llegó Un pasado en venta ya tenía yo el blog en marcha, así que pueden leer la entrada si les apetece. Esta vez ha ejercido también una dirección liviana (una dirección de aspecto liviano, quiero decir, cosa que no tiene nada que ver con no dirigir), dejando que dos señoras de aire, y vestuario, decimonónico nos cuenten estas historias como si estuviéramos en el salón de su casa. Una casa tenuemente iluminada, como imponen los cánones del género. Ya decíamos en la crítica de Carne viva que Massa se ha inventado aquí un recurso formal surgido de las condiciones de La Casa de la Portera. El público se divide en los dos espacios, y en cada uno de ellos una de las actrices narra una historia. Después, las actrices se intercambian el lugar. Al final, todos juntos para escuchar Berenice de la boca de ambas. El truco está bien, hace más íntima toda la primera parte de la función.


Carmen Mayordomo
Y si algo hace bien Massa, es seleccionar actrices. Goizalde Núñez, Marta Fernández-Muro... y ahora Carmen Mayordomo. De pronto, me las he imaginado a las tres juntas, y casi me da un vahído. Bromas aparte, la Mayordomo es una grandísima actriz que, además, se prodiga a diestro y siniestro con una capacidad de trabajo y de adaptación sorprendentes (echen un vistazo al enlace en su nombre, sólo las entradas en las que aparece en este blog ya dan una idea de esa dedicación). Realiza aquí un delicado ejercicio de estilo, es un placer verla moverse como si estuviera en su propia casa. Iba a decir que es como si los cuentos hubieran sido escritos para que ella los declamara, pero es que esto mismo es lo que ocurre con todos y cada uno de los papeles que le he visto intepretar. Y que conste que no somos primos. Verán el día que haga una Medea o una Lady Macbeth.

Sin alharacas, les decía, sin estridencias, pero lo que estas señoras llamarían quizá una agradabilísima velada. Sólo tengo una sugerencia: esas cositas que caen al suelo al final de Berenice -no diré lo que son, por si queda alguno que no se la haya leído- deben hacer ruido, incluso si eso supone mover a la actriz al punto donde no hay alfombra en el suelo. Está uno esperándolo desde que ve la caja, y en este espacio tan pequeño, y con una interpretación tan intimista, todos y cada uno de los ruidos -el frufrú de los vestidos, el roce de un cajón- colaboran. Éste sería el remate perfecto.

P.J.L. Domínguez
           

miércoles, 26 de febrero de 2014

INTIMIDAD

Sala: Sala Tú Autor y director: Iván Ruiz Flores Intérpretes:Carmen Mayordomo, Caudio Sierra, Rikar Gil y Nahia Láiz  Duración: 50'
Información práctica (el enlace inactivo puede significar que la función ya no está en cartel)


Rikar Gil, Nahia Láiz, Claudio Sierra y Carmen Mayordomo
Ésta fue mi crítica en la Guía del Ocio:

Primera incursión en el teatro, que me conste, de Iván Ruiz Flores, guionista y director de cine hasta ahora. Se le nota la experiencia en la escritura, tanto estructuralmente –es una historia con necesaria sorpresa final, que no destriparé- como en el detalle: los cuatro personajes hablan en los cuatro registros distintos que les corresponden por edad, por condición. Eso hace creíble lo que cuentan: su vida y sus dificultades. Estoy eludiendo a posta la palabra “crisis”, porque no es una función sobre la crisis, sino sobre personas a las que les ha tocado vivir este tiempo, y no otro. La ha dirigido con pulcritud, con recato, con admirable coherencia de estilo y parquedad de medios (medios expresivos quiero decir, los de producción son los justos y necesarios).


    Los actores hacen primorosamente compatibles los variados registros lingüísticos con un tono interpretativo coherente, y la función fluye con naturalidad del primer al último minuto. Son buenos los cuatro. Me gustó mucho Rikar Gil, un tipo al que no le hacen falta aspavientos para provocar empatía. Y Carmen Mayordomo merece mención aparte. Bien está que ilumine el off con su talento, pero hace tiempo que debería pisar escenarios principales, le sobra capacidad. Aquí está, como siempre, de miedo. Que alguien se la lleve al Español, al María Guerrero…


Y lo que no cabía allí (las frases en negrita son los puntos de unión entre ambos textos, mejor leer primero aquel y luego éste):

1.- Es una historia con necesaria sorpresa final. "Necesaria" para que el texto suba un escalón. No quiero causar destrozos, así que sólo diré que no se trata de cuatro monólogos. Como la sorpresa llega muy tarde, y es de considerable envergadura dramatúrgica, el efecto final sobre la percepción del espectador es muy relevante. Estas bombas, cuanto más tarde, mejor. Por cierto, vean lo que dice Marcos Ordóñez sobre esto de los spoilers. Me consuela saber que a él también se le olvidan los finales.

2.- Los cuatro personajes hablan en los cuatro registros distintos que les corresponden por edad, por condición. Esto no es ninguna tontería. Intenten escribir algo que parezca dicho por otro. Sin caer en el estereotipo, claro. Como dijo Buffon, el estilo es el hombre (o la mujer), y en cuanto uno escribe un par de frases es como si dejara una muestra de ADN. Yo mismo, sin ir más lejos (qué maravilla de inicio egocéntrico esto de "yo mismo, sin ir más lejos") soy exactamente el tipo de pelmazo que parecen delatar los ladrillazos que aquí les propino. En Intimidad, este efecto polifónico de voces distintas está especialmente conseguido.

3.- Son buenos los cuatro. Menos mal. En un escenario a la italiana, y más o menos lejos, puede ser soportable que alguien cojee. Pero con la acción ante las propias narices, y con el arranque de la Mayordomo, yo -esto es una forma de la timidez- me paso el resto de la función sufriendo por la posibilidad de que alguien la pifie. No la pifia nadie. 

La Mayordomo es un crac, poco más puedo decir. La he visto en... dejen que haga memoria... Por lo menos no sufrió, un estupendo microteatro de Juan Morali en el que hacía comedia, y en tres textos de Carlos Be: Exhumación, Peceras y Elepé, en los que hacía de todo. Es una acriz de mirada magnética, de ésas que dan la sensación de que podrían interpretar hasta la guía teléfonica. No sé si habrá profesión más injusta que la de actor. Si fuera futbolista, hace tiempo que saldría en los telediarios, pero no creo que sepa chutar saques de esquina. Por cierto, va a resultar que de vez en cuando hay justicia: está nominada a un premio de la Unión de Actores.

Rikar Gil tiene que defender un papel especialmente patético sin forzar el patetismo, y lo hace ejemplarmente, lejos de la ñoñería o lo lacrimoso. Como a los otros tres, Iván Ruiz lo ha colocado de frente, estático, confiándolo todo a la cadencia de la voz y a pequeños gestos de las manos. Ya hace dos semanas que vi la función, y se me han quedado los suyos grabados. Nahia Láiz muy fresca, muy natural, muy joven (lo digo porque hace al personaje más joven de lo que ella es). A Claudio Sierra le toca revelarnos eso que yo no puedo revelar. El director le ha tolerado alguna licencia expresiva más que al resto, procede que la cosa suba un poco al final. Cierra la función manejando muy bien la economía del relato y de sus emociones.
P.J.L. Domínguez
           

martes, 14 de mayo de 2013

ELEPÉ


Sala: La Casa de la Portera Autor y director: Carlos Be Intérpretes: Fran Arráez; Carmen Mayordomo e Iván Ugalde. Duración: 1.20'
Información práctica (el enlace inactivo puede significar que la función ya no está en cartel)


Arráez, Mayordomo y Ugalde.
No parece que se vayan a dejar encasillar. Estos tres de la foto, más el autor y alguno más, son The Zombie Company. Les vi primero Exhumación, un thriller histórico-sentimental que, con un retoque de corte y confección, daría perfectamente para una telemovie alemana de ésas de misterio que ahora se ven tanto en la tele. Después, Peceras. Esa vez tocaba drama hiperrealista con final de fábula moral. Y ahora... ¿saben lo que se han marcado ahora? Un musical juke-box entre la comedia y el melodrama. Engaña a primera vista, puede pasar por una cosilla cómica. Pero lo cierto es que tiene aliento, incluso para pasar a mayores. Aunque parece escrita expresamente para este espacio -y lo cierto es que funciona- permitiría un desarrollo con elenco más amplio y en escenario grande. O, quizá sobre todo, una película. Todo esto subraya la habilidad de Carlos Be para nadar en las aguas de todos los géneros sin ahogarse en ninguna. En otras palabras: manteniendo siempre una distancia prudencial respecto a la sumisión a sus convenciones.


Ambientada en los ochenta, la trama desarrolla una especie de historia sentimental de la época con tres personajes arquetípicos cuyas vidas orbitan alrededor de un bar gay, el Elepé. Con un aura de nostalgia cuya verosimilitud sorprende. Dada la edad del autor, parece difícil que pueda sentirla. Aunque estas cosas... Yo también siento nostalgia de lugares y tiempos en los que nunca he estado. En cualquier caso, parece escrita por alguien que hubiera vivido entonces lo mejor de su vida (yo mismo, sin ir más lejos). La selección de canciones contribuye lo suyo a ese ambiente melancólico. Una selección hecha sin prejuicios, desde luego: desde el Por qué a mí de Mari Trini al Vogue de Madonna o el You are not matador de Las Deblas (!Quién se acuerda de Las Deblas! Yo. Yo estuve allí. Ya he puesto "yo" cuatro veces en esta entrada, debería empezar a cuidar el estilo). Con una preciosa versión de Qué sabe nadie, lenta y melancólica, de Carmen Mayordomo mientras se toma el último café de la madrugada e intercala diálogo con Fran Arráez. Es, quizá, la escena más lograda de la función: el regreso a casa a las tantas de la mañana. Ay, juventud, a dónde te habrás ido, cuántas veces me pasaron cosas calcaditas a ésta que ya casi ni recordaba. Arráez,  travestido, es un excelente contraejemplo de cómo el cambio de género puede integrarse en las tripas de una función, y no quedarse en un simple disfraz, como en La monja alférez

Estos tres tipos son unos todoterreno. Es impresionante verlos darse la vuelta como un calcetín respecto a lo que hacían en Peceras hace solo un mes, y construir en ochenta minutos tres caracteres verosímiles -y entrañables- a pesar de la trama disparatada y de las dosis de melodrama. Lo siento, pero no hay más remedio que invocar al tópico Almodóvar, esta vez como elogio. Por cierto: si pagan entrada tendrán derecho a ver a uno/a de ellos completamente desnudo/a. No pienso decirles a quién



Una cosa más tengo que agradecerle a Elepé: me ha hecho recuperar Miel en la nevera, una maravilla de Tino Casal (ese tipo que sería universalmente conocido si llega a nacer en Minnesota). Elepé se ha escrito para convertirla en un remate que parece compuesto ex profeso. Me voy a dormir. A ver si sueño que tengo veinticinco años y que Madrid es, otra vez, un lugar mágico en el que buscar sorpresas; y las sorpresas, todavía, buenas noticias.
P.J.L. Domínguez