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miércoles, 16 de marzo de 2016

RINCONETE Y CORTADILLO

Sala: Teatros del Canal Autor: Alberto Conejero (sobre los personajes de Miguel de Cervantes) Director: Salva Bolta Intérpretes: Rulo Pardo y Santiago Molero Duración: 1.30'
(La función ya no está en cartel)


Santiago Molero y Rulo Pardo

Ésta fue mi crítica en la Guía del Ocio:


Andan nuestros conciudadanos soliviantados, porque los fastos cervantinos les parecen pocos. Tengo para mí que exagerar la celebración del pasado es indicio de la incapacidad social para apoyar la creatividad presente en todas sus formas, así que, en lo que a mí respecta, a menos efemérides, mejor.

    Tras Cervantina -debo de ser el único que no ha caído rendido a los pies de Ron Lalá- llega esta fantasía de Alberto Conejero sobre Rinconete y Cortadillo. Viven juntos desde el encuentro con Cervantes, que les ha amargado la vida por contarla distorsionada. Están obsesionados por publicar la verdad y restaurar su fama. Esto da pie a Conejero -éxito atronador con La piedra oscura- para escribir una comedia entretenida y sentimental, yo diría que bastante cervantina en su fondo, y en la que abunda la sátira a la putrefacta realidad de ahora mismo. El texto ganaría bastante podándole la reiteración con la que se recuerda al espectador lo que acabo de contar en dos líneas.

    Como, además, la dirección pierde aliento de tanto en tanto, sale uno pensando que la función sería espléndida con veinte minutos menos. Pero ahí están Rulo Pardo y Santiago Molero, dos actores como las copas de dos pinos, que con un gesto de las manos o de las cejas ponen el vagón en su sitio cada vez que descarrila.
Y una pequeña aclaración:

Escribí "lo que acabo de contar en dos líneas" un poco lejos de las dos líneas. Por si no quedaba claro, es el nudo argumental (los personajes odian a Cervantes y quieren publicar su propia versión de los hechos) lo que se repite demasiadas veces, sin ninguna necesidad. El espectador lo entiende a la primera.

Sí, sé que la estoy colgando tardísimo, pero me han vuelto a pillar todos los toros. Tengo montones de funciones vistas y sin comentar. A ver si las voy recuperando.
P.J.L. Domínguez

          
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jueves, 12 de marzo de 2015

H EL PEQUEÑO NIÑO OBESO QUIERE SER CINEASTA

Sala: Teatro Maravillas Autores: Sexpeare Director: David Ottone Intérpretes: Santiago Molero y Rulo Pardo Duración: 1.30'
Información práctica (el enlace no operativo puede significar que no está en cartel)


Rulo Pardo y Santiago Molero.
Si han alcanzado los cuarenta ya se habrán dado cuenta de que la memoria juega a veces malas pasadas. Hecha esa salvedad, sepan que H, el pequeño niño obeso quiere ser cineasta, que vi en el Alfil hace nueve años, se yergue en mi imaginario como una comedia que casi me tira de risa de la butaca. Como está felizmente de vuelta (por segunda vez, ya entonces la reponían), he decidido copiarles aquí la crítica que hice entonces. Ahí va:


SE MUERE HASTA EL APUNTADOR (DE RISA)

Es tan variado el humor como las formas de inteligencia. Nos tronchamos con un chiste y el vecino se queda frío. Lo que nos parece la monda en un idioma no tiene la menor gracia en otro. Así proliferan las variantes escénicas, desde el humor físico de las tartas del payaso hasta la sátira política, el escarnio a costa del personaje público o las formas más refinadas de la parodia.

Esto de Sexpeare, que se repone en el décimo aniversario de la compañía, es humor puro. Meta-humor en algunos momentos, porque uno se acaba riendo más del enfoque que de la cosa en sí. Dos esperpénticos estudiantes de cine, personajes perfectamente delineados, pergeñan un guión para un concurso que impone la frase “Galletas Niki, oé, oé, oé” en cada secuencia. Hay que ver el juego que da esto que parece una bobada, porque la frasecita acaba insertada nada menos que en el viaje que un cinéfilo gordo (una especie de Ignatius Reilly) realiza a un manicomio de Praga para visitar a un realizador demente al que idolatra. 

Saltando del lugar en el que se escribe la historia al supuesto cortometraje, el disparate se basa en la madeja formada por los nexos entre los guionistas y sus personajes, la repetición de escenas que incorporan modificaciones sucesivas y las jocosas dificultades de los dos actores para encarnar varios papeles, amén de los gags propios de una charlotada.

Lo mejor de la función es la maraña de referencias engarzadas en el argumento; concretas como las de Matrix El silencio de los corderos, o genéricas, como el tufillo expresionista (pasado por la trituradora) que todo el asunto de Praga despide con la ayuda estelar del Decano Depocos, un personaje que me costará olvidar. Un pelo en esa dirección le falta a la obra para pasar de buena a excepcional en su género. Aviso: final sorpresa.

P.J.L. Domínguez
          

sábado, 12 de abril de 2014

MISIÓN FLORIMÓN

Sala: Teatro Nuevo Apolo Autores: Sébastien Azzopardi y Sacha Danino (versión de Laura Helena Olivié) Director: Joe O'Curneen - Yllana Intérpretes: Vanesa Romero, Canco Rodríguez, Santiago Molero, Marcelo Casas y Jesús Cabrero Duración: 1.40'
Información práctica (el enlace inactivo puede significar que la función ya no está en cartel)


Jesús Romero, Canco Rodríguez, Marcelo Casas, Vanesa Romero
y Santiago Molero. Todos hacen lo que pueden.


Para quienes busquen una opinión concisa, ésta función es fácil de sintetizar:


HO-RRI-PI-LAN-TE

Debe de ser lo peor que he visto esta temporada, y conste que me lo he pensado un rato.

Para quienes gusten de algún detalle más:

La culpa no es de los actores. Molero (uno de los componentes de Sexpeare) es la monda, lo sabe todo el que lo ha visto. Cualquier día, explota y se hace supermediático. Mira tú por dónde, también Marcelo Casas es muy bueno: estupendo haciendo de Papa, estupendo simultaneando papeles. Los dos se llevan las dos ovaciones de mutis que provoca la función. Bien Jesús Cabrero, sobre todo en la escena de los cardenales gays, que parece más bien dirigida por Molero ("parece", he dicho "parece", por si acaso). Simpático Canco Rodríguez, archiconocido por ser el Barajas de Aída. Sólo lo he visto en el papel de carácter de la tele y en este espanto, así que no sabría decirles hasta dónde llega. Vanesa Romero tiene una veta superpayasa que da para mucho y que me sorprendió para bien (a veces las cosas no funcionan igual cuando se sacan de la tele). Guapísima y graciosa, ¿qué más precisa el género?

Estábamos en esta ingrata tarea de repartir culpas. Intentaré decirlo rápido y sin hurgar en la herida. La pieza está adaptada con los pies y dirigida con los pies, aunque con otros pies distintos. Los chistes autóctonos son pura pacotilla; los diálogos, plomizos. La comicidad se intenta estirar mientras uno ruega por dentro "por Dios, avancen, avancen". Por lo que encuentro en la red, la producción original en francés duraba... ¡veinte minutos menos! ¿Saben ustedes lo que son veinte minutos en un escenario? El tiempo en el teatro es como los años de los perros, que cuentan por siete humanos. Algún día desarrollaré esta idea. 

Allá al fondo, a lo lejos, entre brumas, parece vislumbrarse una comedieta gamberra que, bien adaptada y bien dirigida, quizá hubiera podido tirar al respetable de las butacas a base de carcajadas. Les juro por mi santa madre que mi acompañante se durmió. Yo no, debe de ser que no tengo la conciencia tranquila.
P.J.L. Domínguez

           

miércoles, 15 de mayo de 2013

SEXPEAREMENTE


Sala: Teatro Alfil Autores, directores e intérpretes: Rulo Pardo y Santiago Molero (Sexpeare) Duración: 1.40'
Información práctica (el enlace inactivo puede significar que la función ya no está en cartel)


Pardo y Molero, Molero y Pardo -tanto monta, monta tanto- son Sexpeare. Una rara avis en nuestro panorama. Dos tipos dotados de un extraordinario talento para el humor. Ese género del que siempre se dice que es considerado menor. ¿Quién lo considera menor? Yo no, desde luego.

Tienen talento de sobra para hacerlo todo: escribir, dirigirse y actuar. Lo tienen sobradamente demostrado. Me cuentan maravillas de Hipo, que no vi. Los conocí hace casi diez años en H, el pequeño niño obeso quiere ser cineasta, y sigo admirado. Metahumor, lo llamé entonces. Un metahumor superpuesto a una combinación de surrealismo y humor gestual. No sé si hay en nuestro país alguien con más capacidad para el género. Vi después El título de este espectáculo no es mi madre, que no desmerecía y, hace poco, la versión cinematográfica de Qué pelo más guay: otro artefacto que deja al espectador estupefacto con las fintas de una trama alucinógena.


Sexpearemente, y miren que lo siento, es un pinchazo. Esto tiene el espectáculo, que no hay grande que no patine alguna vez. Se salvan los primeros diez minutos -de un desaforado surrealismo que no admite descripción- y la escena de La casa de Bernarda Alba-ñil. En la función se presenta este último fragmento como perteneciente a un espectáculo completo, pero no encuentro referencia por ninguna parte. Si no es así, recomiendo vivamente su desarrollo. Como cualquier pieza de planteamiento extremo, y ésta lo es en muchos aspectos, la Bernarda Alba es un filón para el planteamiento cómico. Pardo y Molero están sembrados en ese ratillo (ver foto superior).

El resto de la función avanza a trompicones, pierde uno el hilo conductor. Esto tampoco sería mortal de necesidad: también es posible la estructura de gags aislados. Sin embargo, tampoco los gags tienen la comicidad a la que Sexpeare nos tiene acostumbrados. Me temo que, para salvar la cosa, no quedaría más remedio que rehacerla de arriba abajo.
P.J.L. Domínguez