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sábado, 15 de abril de 2017

EL PINTOR DE BATALLAS

Sala: Teatros del Canal Autor: Antonio Álamo (basado en la novela homónima de Arturo Pérez-Reverte Director: Antonio Álamo Intérpretes: Jordi Rebellón y Alberto Jiménez Duración: 1.20'
Información práctica (el enlace inactivo puede significar que la función ya no esté en cartel)




Hace muchos años decidí -tras arrearme creo que tres- que no iba a perder más tiempo con las novelas de Pérez-Reverte. A mi modesto entender, literatura de entretenimiento con resultado no excesivamente brillante (tengo ahora mismo frente a los ojos Rebeca y varios Dumas, y ya me dirán). Me perdonarán sus seguidores, pero saben lo que ocurre con las opiniones: que cada uno tiene la suya. Hace poco volví a picar y -ante tanto desmedido elogio- volví a intentarlo con El asedio. Y hala, arrepentido de haberme dejado engañar otra vez por la gigantesca maquinaria promocional.

Sin embargo, no crean que me fui a ver El pintor de batallas con la esperanza ennegrecida por ese juicio sobre las novelas, sino todo lo contrario. Nada tiene que ver una adaptación a la escena con la novela original. Nada de nada. Productos distintos, como en el chiste de las cabras en la sala de proyección (se lo cuento abajo del todo). Aparecí en el Canal más bien con la curiosidad de ver si Álamo (autor de la feliz Yo, Satán y la estupenda Cantando bajo las balas) había conseguido algo con el material de partida disponible. Pues no. No lo ha conseguido.

El pintor de batallas es un aburrimiento imposible. Una de esas funciones en las que uno tiene, a los diez minutos del comienzo, la horrible sensación de que aquello va a seguir igual hasta el final. El conflicto se plantea en el mismísimo inicio, así que no desvelo nada si lo cuento: el fotógrafo de fama mundial recluido en la torre en la que se dedica a pintar un mural sobre los desastres de la guerra recibe la inesperada visita de uno de sus involuntarios modelos. El antiguo soldado de la guerra de los Balcanes le anuncia que quiere matarlo, porque esa foto en la que salió le destrozó la vida. Ya. Una vez sabido esto, las cosas se van deslizando por una pendiente en la que las revelaciones llegan casi invariablemente después de que el espectador las vea venir de lejos. Ochenta largos minutos trufados de lugares comunes y de una épica de tono yo-estuve-allí-muchachos-y sé-de-qué-va-la-vaina más pasada que el jarabe para la tos.

Me extraña que Álamo se haya dejado impresionar por todo esto, a no ser que la cosa sea un encargo. Lo mejor de la función es, con diferencia, el mural de Antonio Haro y la infografía con la que va mutando. Y con eso está dicho todo sobre el rendimiento teatral de la propuesta. Álamo es aquí bastante mejor director que autor, se puede decir que, como los intérpretes, ha hecho todo lo que se podía. Era bastante poco.

Caramba con la cartelera, no sé si ha estado alguna vez tan endeble.  Si ya han visto Blackbird, quédense en el mismo teatro y vean Trainspotting (no, los del Pavón no son primos míos ni nada parecido). No sé si puedo recomendar ninguna otra cosa de estreno reciente. Apuesten sobre valores consolidados: Alarde de tonadilla.

El prometido chiste de las cabras: Están en la sala de proyección, comiéndose los rollos de celuloide de una película. Pregunta una: "¿Qué? ¿Te gusta?". Responde la otra: "Me gustó más la novela". Sirve "para acabar de una vez por todas", como diría Woody Allen, con las discusiones sobre el asunto. 
P.J.L. Domínguez
          

viernes, 6 de junio de 2014

CANTANDO BAJO LAS BALAS

Sala: Kubik Fabrik Autor: Antonio Álamo Director: Álvaro Lavín Intérprete: Adolfo Fernández (músico: Mariano Marín)  Duración: 1.05'
Información práctica (el enlace inactivo puede significar que la función ya no está en cartel)


¿Les cayó algún premio a Fernández, Lavín o Álamo? Sí, uno en Ribadavia 
y el Chivas Telón. Eso les dirá algo de los premios importantes. Espero poder contarles dentro de poco cuál era la composición de los jurados que 
escogieron finalistas y ganadores de los últimos Max, algo que no se ha
 hecho público (!). Si no me creen, busquen.

Me entero con alborozo de que se repone Cantando bajo las balas en Kubik Fabrik. ¿Sólo tres días? Espero que sean más. Es una auténtica preciosidad de montaje redondo, y van a flipar con el personaje si no han tenido antes noticia detallada sobre él.

Les copio a continuación la crítica que publiqué en 2008:

Difícil empeño el de plantar a Millán-Astray, ese payaso tenebroso, en un escenario. Su personalidad histriónica, desalmada y perturbada generó un recorrido vital tan desaforado que resulta inverosímil. Y, por lo mismo, morbosamente fascinante. Los personajes legendarios de parecida calaña se ven atribuir todo tipo de exageraciones, pero en este caso las barbaridades están documentadas: eso es lo que pone los pelos como escarpias. Sólo una farsa podía absorber tal exceso, y una farsa es lo que se representa. Sin embargo, insisto, hay que pensar que la desmesura del personaje real probablemente no era inferior al del representado. La farsa como vía al realismo, curioso.

    Cuatro inteligencias en sintonía han parido un artefacto que, por momentos, roza la perfección. El texto de Antonio Álamo, que acierta al escamotear algunos de los sucesos más escabrosos e inverosímiles, narra con fluidez y ritmo dramático y mide muy bien la alternancia de registros. 

La interpretación de Adolfo Fernández excede los comentarios, hay que ir a verla. El espacio sonoro de Mariano Marín, que interpreta también en directo, es de lo mejor que he visto nunca: convierte el monólogo en un diálogo ininterrumpido y milimétricamente armado entre el actor y los sonidos que lo envuelven. La dirección de Lavín es impecable hasta el punto de pasar desapercibida, cosa que considero el mayor elogio que cabe aplicar a un director. Luz  y escenografía (fantásticos los muñecos), a la altura.

    Recomiendo a quien quiera complementar la información y comprobar que todo lo narrado es rigurosamente histórico una estupenda, y breve, biografía de Millán-Astray incluida en Las tres españas del 36 de Paul Preston. Tarantino avant la lettre.

Hala, que no se la pierdan.
P.J.L. Domínguez
           

miércoles, 17 de abril de 2013

LA COPLA NEGRA

Sala: Teatro Valle-Inclán Autor y director: Antonio Álamo Intérpretes: Alejandra López, Ana López Segovia y Teresa Quintero (Chirigóticas) Duración: 1.35'
Información práctica (el enlace inactivo puede significar que la función ya no está en cartel)

Alejandra López, Teresa Quintero y Ana López Segovia.


Vi a las Chirigóticas, en un espectáculo que se llamaba así, Chirigóticas, en el Alfil, creo que allá por 2009. No publiqué  crítica, porque hubiera sido una carnicería injustificada. No era un espectáculo que se sostuviera en un teatro, sino una sucesión de gags que quizá habrían resultado redondos en otro entorno, por ejemplo en un bar con espectáculo. La copla negra es un considerable avance en ese sentido.



El problema entonces no eran las actrices, desde luego. Estas tres mujeres son mucha actriz. Puesto a elegir, porque las tres hacen más de un papel, me quedo con Alejandra López como José Luis, Ana López como Gallego y Teresa Quintero como Mari Carmen. Respecto al cambio de género, actrices haciendo de hombre en este caso, ya dije algunas cosillas en la crítica de Las huérfanas. Aquí también se produce ese curioso adensamiento de los significados cuando oímos hablar a una mujer como un macho de toda la vida. José Luis ("el" José Luis, habría que decir) tiene mucho papel: de los tres hombres de la función es el retratado más a fondo. Retrato de un canalla rematado pero simpático, seguro que los han conocido. Alejandra López lo clava, casi diría que, sobre todo, cuando calla y mira para donde puede en las situaciones de difícil salida. Ya sabemos que estos mierdas son, sobre todo, cobardes. El Gallego tiene intervenciones más breves, pero le dan tiempo a Ana López Segovia para impresionar con la composición masculina. También muy real -fondo de amargura, reacciones violentas o de derrota- como la Chana.


Y Teresa Quintero. La bomba. Una de esas actrices a las que les basta estar escuchando con la cabeza gacha y el flequillo tapando un ojo para que entendamos todo lo que les pasa por dentro. No les voy a contar lo que ocurre cuando se mueve un poco o abre la boca. Salta aquí de la comedia al sainete como quien se cambia de calcetines. Una pena que Mari Carmen no tenga más texto. La veo haciendo cualquier cosa, habría que ver cómo rinde esta mujer en otros géneros. 




A la función algo le pasa. A pesar de estas tres excelentes actrices, la cosa no fluye como debiera. El texto de Álamo (recuerdo que me gustó mucho Yo, Satán) está bien, la trama va ganando interés... pero hay que esperar casi una hora para que cuaje. Eso no sucede hasta que el drama se va concretando. No sé decir exactamente qué es lo que no va, parece un ejemplo del clásico conjunto fallido a base de elementos (texto, interpretación, escenografía, música) correctos. Ciertamente, la combinación de sainete y drama es arriesgada, es posible que no estén bien dosificados al principio, pero no me atrevo a asegurarlo; tendría que verla otra vez. La sensación final es más bien de que ni fu ni fa, pero hay un puñado de escenas (el chivatazo de Olvido a Mari Carmen; las consiguientes explicaciones del interesado; la ruptura con la Chana) que dejan excelente recuerdo.
P.J.L. Domínguez