Sala: Teatro Amaya Autores: Arthur Kopit (libro) y Maury Yeston (música y letras) (no encuentro por ninguna parte al autor de la versión) Dirección: Javier Adolfo Dirección de escena: Ángel Borge (no sé qué signifcan exactamente estos créditos así distribuidos, lo de Adolfo debe de ser una supervisión general del espectáculo); Dirección musical: Borja Arias Intérpretes: Álvaro Puertas, Roko, Patrizia Ruiz, Chanel Terrero, Marcela Paoli, María José Garrido, Chus Herranz y Angels Jiménez
(la función ya no está en cartel)
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Ahí tienen la escenografía que (casi) se carga la función. He encontrado la foto (sin créditos) en todosalteatro.com |
Otra retrasada de junio. Al pie, algun comentario (éste sí) de actualidad. Ésta fue mi crítica en la Guía del Ocio:
POR ENCIMA DE LOS ESCOLLOS
POR ENCIMA DE LOS ESCOLLOS
Producción notable de un gran título, con un par de
problemas serios. El primero tiene solución: tremenda sonorización. Además del
guirigay en los conjuntos, reduce la orquesta a orquestilla de café constreñida
en un ángulo. El arreglo para conseguir, al menos, el sonido envolvente al que
está acostumbrado el público es elemental, y quizá se haya practicado ya (vi
una de las primeras funciones). El segundo tiene peor salida: la escenografía
es fea, invasora y omnipresente. A ratos, aplasta.
Lo de la coreografía y el vestuario ya me lo señaló JM allí mismo. Me di cuenta bastante más tarde de que ambas cosas las firma el mismo: Énder Bonilla. Un tipo que parece que sabe lo que se hace. Roko, que está estupenda, se saca la espina de La gatita blanca, donde la culpa no era suya, sino de quien la metió en un género que no domina. Aquí, perfecta, como actriz y como cantante. Otro tanto Marcela Paoli, (la tienen en la foto, de Viva Broadway) de la que ya conocíamos el talento desde Chicago, y que lo derrocha mostrando su conocimiento del género en Follies Bergère. ¿Tanta gente capaz y sólo solté tres estrellas? Les aseguro que una escenografía y una sonorización deficientes pueden destrozar el mejor musical. Bastante hicieron entre todos los demás para terminar consiguiendo un espectáculo más que decente.
Nine es un musical post-Sondheim, con una trama sicológicamente compleja y pocas
concesiones. Más cerca –para entendernos- de Chicago que de Mamma mia. Afrontarlo
implica cierto arrojo. Este montaje
acierta estrepitosamente con el elenco, empezando por un Álvaro Puertas que da a
la perfección el protagonista: un canalla simpático perdido en un laberinto de
mujeres y en crisis creativa. Canta bien, actúa y tiene el físico necesario. Y,
de las siete acompañantes, no pincha ninguna. Bien vestido, bien coreografiado,
con una dirección de actores que –salvado el nivel de estereotipo que el género
reclama- tiene claros los matices, el espectáculo salta por encima de los
escollos mencionados y se impone. Mi
marido filma, de Roko, Follies
Bergère, de Marcela Paoli y el celebérrimo Sé italiano de María José Garrido, son los momentos estelares.
Y alguna cosilla que no cabía allí:

Creo que a nadie se le ha ocurrido vender entradas dobles para espectáculos emparentados, pero me parece de una lógica comercial tan clara que antes o después alguien lo hará. ¿Se imaginan ver Katiuska y Anastasia en días consecutivos? La Revolución Rusa en dos espectáculos musicales que se representan a 1600 metros. Pues algo parecido ocurría con Nine y Todas las mujeres. Un tipo que construye su vida a base de manipularlas (a las mujeres, claro). Lo dicho, habría que vender entradas dobles.
Respecto a Katiuska y Anastasia espero decirles algo en breve, pero si estaban pensando en ir, vayan. Sobre todo a la primera, que le queda poco. Es una excelente producción de Sagi que lleva ya diez años dando vueltas, por algo será (expresión falaz donde las haya, pero justificada esta vez). A Anastasia me fui como quien va al matadero, temiéndome lo peor, y resulta que ME LO PASÉ BOMBA. Hala, por listo.
P.J.L. Domínguez
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