Sala: Matadero (Naves del Español) Autor: David Ives (traducción de Cristina de la Peña, versión de David Serrano) Director: David Serrano Intérpretes: Clara Lago y Diego Martín. Duración: 1.45'
Ésta fue mi crítica en la Guía del Ocio:
Y lo que no cabía allí:
(Las frases en negrita hacen referencia a los puntos de la crítica donde se inserta cada ampliacion. Mejor leer aquello primero y después esto para enterarse bien)
¿Por qué, si no, se ha caracterizado al protagonista de Venus in fur con un inquietante parecido al joven Polanski? ¿Acaso no está Polanski empujando la imaginación de los espectadores hacia ese quinto nivel? Como si, por cierto, hiciera alguna falta, dada la imagen pública del director franco-polaco. [Nota: Relájense, no hace falta que corran a buscar, porque ya se lo he mirado yo: David Serrano no se parece ni a Diego Martín ni a Clara Lago. Aunque... Ahora que lo pienso... Miren esta foto, no sé si no están un poco clónicos Diego y David, uy, uy, uy].
Como dice Esteban Ramón en la web de RTVE: "El colmo de las autorreferencias entre la tensión sexual director-actriz
se completa con el protagonismo de Emmanuelle Seigner, su mujer desde
1989, y el hecho de que, como director, Polanski ha tenido relaciones
con otras actrices de sus películas como la fallecida Sharon Tate (El baile de los vampiros) o Nattassa Kinski (Tess)" En fin, que no es mi mente sucia, que eso que estoy llamando "el quinto nivel" (parece un título de ciencia-ficción) es un ente real.
El entrelazamiento de los cinco niveles, que la percepción del espectador va recorriendo hacia arriba y hacia abajo (como en Oblivion), es la mayor virtud de un texto que avanza por las escabrosas galerías que los conectan sin perder la verosimilitud. No puedo -y me rechinan los dientes de las ganas que tengo de hacerlo- contarles el meollo de lo que ocurre, pero si no están entendiendo nada en estos párrafos, noten que he dicho más arriba "el alemán que dio nombre al masoquismo". Al masoquismo. De eso va la copla.
Con la Venus
de las pieles, David Ives hizo
blanco: es una de esas fábulas turbadoras que tanto gustan en estos tiempos,
como Seda de Baricco o Herida de Hart. Las tres, llevadas de
inmediato al cine. La de Ives tiene el atractivo añadido, otra característica
de los tiempos de la posmodernidad, de ser paráfrasis de una obra muy anterior:
la novela homónima de Sacher-Masoch, el alemán que dio nombre al masoquismo.
David
Serrano la ha traducido, ha impulsado su producción y la dirige. Las tres cosas
merecen elogio. Ha elegido, además, a dos intérpretes que ni pintados. Clara
Lago, que primero parece tonta y amanerada, porque es lo que tiene que parecer,
y que va poniendo en su sitio al personaje, al antagonista y al público: en el
dominio, la entrega y el pasmo, respectivamente. Diego Martín, especialista –Aquí no hay quien viva, Los Borgia, Los
hijos se han dormido- en adorar sin reservas manteniendo el tipo. Fantásticos
ambos en una función que demanda los más refinados equilibrios para mantener la
verosimilitud. Muy bien encajados los efectos de iluminación de Ramos por una
dirección que sortea todos los peligros de un asunto mucho más morboso en
escena que en el cine. Preciosa.
Y lo que no cabía allí:
(Las frases en negrita hacen referencia a los puntos de la crítica donde se inserta cada ampliacion. Mejor leer aquello primero y después esto para enterarse bien)
paráfrasis
de una obra muy anterior: la novela homónima de Sacher-Masoch, el
alemán que dio nombre al masoquismo. - See more at:
http://www.guiadelocio.com/madrid/teatro-y-danza/la-venus-de-las-pieles-en-matadero-madrid-naves-del-espanol/criticas/la-venus-de-las-pieles#sthash.gOgqemTU.dpuf
paráfrasis
de una obra muy anterior: la novela homónima de Sacher-Masoch, el
alemán que dio nombre al masoquismo. - See more at:
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paráfrasis
de una obra muy anterior: la novela homónima de Sacher-Masoch, el
alemán que dio nombre al masoquismo. - See more at:
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Paráfrasis
de una obra muy anterior: la novela homónima de Sacher-Masoch, el
alemán que dio nombre al masoquismo. El protagonista de la función es un director que va a poner en escena La Venus de las pieles de Sacher-Masoch. Hay por tanto, de entrada, cuatro niveles superpuestos: el de la vida privada de Sacher-Masoch (que, es bien sabido, retrata en la novela su relación con las mujeres y, especialmente, con su esposa), el de la novela original (profusamente citada), el de la puesta en escena de la misma (cuyos papeles ensayan el director y la joven actriz que se ha presentado a la prueba) y el de las personalidades reales de ambos (reales en la función: Vanda y Thomas). Todos sabemos que esto que voy a decir tiene una vertiente de memez, pero nadie puede sustraerse a ello: esos cuatro niveles empujan irresistiblemente a nuestros mecanismos mentales a preguntarse si no habrá un quinto en el mundo real de los actores y el director de la función. Repito, es una memez, pero nadie puede evitar descender ese peldaño entre la exégesis y el cotilleo. ![]() |
¿Por qué, si no, se ha caracterizado al protagonista de Venus in fur con un inquietante parecido al joven Polanski? ¿Acaso no está Polanski empujando la imaginación de los espectadores hacia ese quinto nivel? Como si, por cierto, hiciera alguna falta, dada la imagen pública del director franco-polaco. [Nota: Relájense, no hace falta que corran a buscar, porque ya se lo he mirado yo: David Serrano no se parece ni a Diego Martín ni a Clara Lago. Aunque... Ahora que lo pienso... Miren esta foto, no sé si no están un poco clónicos Diego y David, uy, uy, uy].

El entrelazamiento de los cinco niveles, que la percepción del espectador va recorriendo hacia arriba y hacia abajo (como en Oblivion), es la mayor virtud de un texto que avanza por las escabrosas galerías que los conectan sin perder la verosimilitud. No puedo -y me rechinan los dientes de las ganas que tengo de hacerlo- contarles el meollo de lo que ocurre, pero si no están entendiendo nada en estos párrafos, noten que he dicho más arriba "el alemán que dio nombre al masoquismo". Al masoquismo. De eso va la copla.
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Guapísimos. |
Ha elegido, además, a dos intérpretes que ni
pintados. Por muchas razones. En primer lugar, porque ambos son
guapísimos. Sí, ríanse. Vayan a comparar el efecto de una historia similar con dos
guapísimos o con dos feísimos, por poner los dos extremos. En una trama que, desde cierto punto de vista, puede
definirse como la evolución del deseo desde un
estado amorfo inicial hasta su concreción,
es muy relevante que el espectador considere deseables a los protagonistas.
Esto por lo que se refiere al aspecto. En cuanto a la interpretación, cada uno
lleva lo suyo. Ella tiene que enfrentarse a una metamorfosis completa y
paulatina del personaje, más aparatosa y con final más extremo que la de él.
Sale perfectamente del asunto. Se coloca, de una tacada, en un lugar de
privilegio entre nuestras actrices jóvenes. Una curiosidad: a veces utiliza un
vibrato que acerca su timbre de voz al de Irene Escolar, fijense cuando
está de espaldas.
Lo de él es más sutil, pero no menos comprometido. Citaba en
la crítica en papel Aquí no hay quien viva, Los Borgia y Los
hijos se han dormido (la versión de La gaviota que hizo Veronese),
porque,
aunque no habrá tres cosas que tengan menos que ver
entre sí, en las tres le cayó el papel de la entrega incondicional. Lo cierto
es que lo borda (y no es fácil hacerlo con dignidad), con esa cara de buen
muchacho y la facilidad que tiene para deslizarse hacia la dulzura.
Aprovechando este ping-pong que la cartelera nos ha brindado entre La Venus y
Sótano, me pregunto qué tal estaría Martín en el papel que hace Clavijo
en La Pensión de las Pulgas, [ATENCIÓN, MINI-SPOILER] que es primero algo más jevi
que éste, pero que acaba como éste (aunque también más jevi, de extremo a extremo). Estaría estupendo, me parece a mí. Cualquier día, me pongo a dirigir estas ideas que me asaltan.
Un asunto mucho más morboso en escena que en el cine. Como
es lógico. Aquí están en carne y hueso. Sobre todo en carne, a estos efectos.
No vamos a insistir en lo difícil que es en el teatro esto de la tensión
sexual. Es, una vez más, lo de la siete y
media, como lo dice Muñoz Seca en La venganza de Don Mendo: “…que o
te pasas o no llegas. / Y el no llegar da dolor /
pues indica que mal tasas / y eres del otro deudor. /
Mas ¡ay de ti si te pasas! / ¡Si te pasas es peor!” No llegar es una lástima, la
función exige tensión sexual. Y pasarse es un desastre, sea pasarse hacia el peep-show
o hacia el naufragio en el ridículo. Serrano se ha instalado en un virtuoso
punto medio. [ATENCIÓN, MINI-SPOILER] No los desnuda, y hace bien.
Muy bien encajados los efectos de iluminación
de Felipe Ramos. Tanto el truco
inicial de iluminación (sala con luz natural, cuando la chica llega y manipula
la mesa de luces, se cierran las persianas y se oscurece la sala), como la
escenografía (de Arturo Martin Burgos) y los registros interpretativos (ella de ingenua descarada, él un
poco sobrado) casi rozan lo cursi al comienzo. Luego se da uno cuenta de
que todo eso está muy bien puesto, porque la cosa va completamente de otro
rollo y el propósito de ese inicio es meramente contrastante. Y de despiste.
Lo pasé como un enano. Y también lo pasé como un enano en Sótano. Si me llegara para ser mecenas, estaría organizando funciones dobles con las dos piezas y coloquio posterior con los autores. Nunca me llegará.
P.J.L. Domínguez
P.S. Vaya, acabo de encontrar en un tweet perdido en el ciberespacio una foto robada de buena parte del escenario con el efecto inicial de luz natural. La copio, porque me parece muy interesante, pero si a alguien le molesta, que me lo diga y la quito.
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