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jueves, 2 de abril de 2015

ETERNO CREÓN

Sala: Teatro Galileo (el viernes 3 de abril en Nave 73) Autor y director: Manuel De (basado en La tebaida de Jean Racine) Intérpretes: Carmen Mayordomo, Iván Ugalde, Jesús Calvo y Manuel Domínguez Duración: 1.15'
Información práctica (el enlace no operativo puede significar que no está en cartel)


Mayordomo, Dominguez, Calvo y Ugalde. No se dejen influir mucho por la foto. Este registro-tragedia sólo ilustra media función.
Ésta fue mi crítica en la Guía del Ocio:


    Si el estilo es el hombre, como dijo Buffon antes de que la mujeres accedieran al rango de persona, Manuel De tiene que ser un tipo con estilo. Tomar una parte de La tebaida de Racine, destilarla, trocear lo que queda a base de interrupciones meta-teatrales (del tipo “el autor propone un juego al espectador”), intercalar un fragmento de Lorca, detener la acción con proyecciones o partidas de ping-pong mimadas, pasar de la interpretación convencional al simbolismo de un cubo de sangre o la coreografía casi bailada del combate entre Eteocles y Polinices… era mucho arrojo. Así condensada parece la crónica de un desastre, pero, como decía, hay estilo en todo esto, y una sorprendente coherencia se va asentando a medida que la función avanza.


    Nada se tendría en este complicado equilibrio sin la capacidad de los cuatro intérpretes. A Mayordomo y Ugalde los he visto torear con éxito cualquier cosa, conocía menos a Calvo y nada a Domínguez, pero están los cuatro a la altura del reto, saltando ágilmente de una a otra zona, de la intensidad a la indolencia, de la tragedia al salón de actos. Los cuatro, las dos docenas de focos, las proyecciones y una estupenda banda sonora construyen un interesante artefacto lleno de pequeñas trampas que funcionan: “Lo que más deseas tú es la corona; yo, la muerte. Dejemos de estorbarnos”. Parece Racine, pero no lo es.

El autor/director se llama Manuel De, y no Carlos De como erróneamente publiqué en papel. Y ya puestos con el asunto de los nombres, el que tradicionamente se ha usado en castellano para el tres veces rey de Creta es Creonte. Creón es calco del francés Créon usado por Racine. A ver si tengo un ratillo estos días para ampliar un poco.
P.J.L. Domínguez
          

martes, 14 de mayo de 2013

ELEPÉ


Sala: La Casa de la Portera Autor y director: Carlos Be Intérpretes: Fran Arráez; Carmen Mayordomo e Iván Ugalde. Duración: 1.20'
Información práctica (el enlace inactivo puede significar que la función ya no está en cartel)


Arráez, Mayordomo y Ugalde.
No parece que se vayan a dejar encasillar. Estos tres de la foto, más el autor y alguno más, son The Zombie Company. Les vi primero Exhumación, un thriller histórico-sentimental que, con un retoque de corte y confección, daría perfectamente para una telemovie alemana de ésas de misterio que ahora se ven tanto en la tele. Después, Peceras. Esa vez tocaba drama hiperrealista con final de fábula moral. Y ahora... ¿saben lo que se han marcado ahora? Un musical juke-box entre la comedia y el melodrama. Engaña a primera vista, puede pasar por una cosilla cómica. Pero lo cierto es que tiene aliento, incluso para pasar a mayores. Aunque parece escrita expresamente para este espacio -y lo cierto es que funciona- permitiría un desarrollo con elenco más amplio y en escenario grande. O, quizá sobre todo, una película. Todo esto subraya la habilidad de Carlos Be para nadar en las aguas de todos los géneros sin ahogarse en ninguna. En otras palabras: manteniendo siempre una distancia prudencial respecto a la sumisión a sus convenciones.


Ambientada en los ochenta, la trama desarrolla una especie de historia sentimental de la época con tres personajes arquetípicos cuyas vidas orbitan alrededor de un bar gay, el Elepé. Con un aura de nostalgia cuya verosimilitud sorprende. Dada la edad del autor, parece difícil que pueda sentirla. Aunque estas cosas... Yo también siento nostalgia de lugares y tiempos en los que nunca he estado. En cualquier caso, parece escrita por alguien que hubiera vivido entonces lo mejor de su vida (yo mismo, sin ir más lejos). La selección de canciones contribuye lo suyo a ese ambiente melancólico. Una selección hecha sin prejuicios, desde luego: desde el Por qué a mí de Mari Trini al Vogue de Madonna o el You are not matador de Las Deblas (!Quién se acuerda de Las Deblas! Yo. Yo estuve allí. Ya he puesto "yo" cuatro veces en esta entrada, debería empezar a cuidar el estilo). Con una preciosa versión de Qué sabe nadie, lenta y melancólica, de Carmen Mayordomo mientras se toma el último café de la madrugada e intercala diálogo con Fran Arráez. Es, quizá, la escena más lograda de la función: el regreso a casa a las tantas de la mañana. Ay, juventud, a dónde te habrás ido, cuántas veces me pasaron cosas calcaditas a ésta que ya casi ni recordaba. Arráez,  travestido, es un excelente contraejemplo de cómo el cambio de género puede integrarse en las tripas de una función, y no quedarse en un simple disfraz, como en La monja alférez. 

Estos tres tipos son unos todoterreno. Es impresionante verlos darse la vuelta como un calcetín respecto a lo que hacían en Peceras hace solo un mes, y construir en ochenta minutos tres caracteres verosímiles -y entrañables- a pesar de la trama disparatada y de las dosis de melodrama. Lo siento, pero no hay más remedio que invocar al tópico Almodóvar, esta vez como elogio. Por cierto: si pagan entrada tendrán derecho a ver a uno/a de ellos completamente desnudo/a. No pienso decirles a quién



Una cosa más tengo que agradecerle a Elepé: me ha hecho recuperar Miel en la nevera, una maravilla de Tino Casal (ese tipo que sería universalmente conocido si llega a nacer en Minnesota). Elepé se ha escrito para convertirla en un remate que parece compuesto ex profeso. Me voy a dormir. A ver si sueño que tengo veinticinco años y que Madrid es, otra vez, un lugar mágico en el que buscar sorpresas; y las sorpresas, todavía, buenas noticias.
P.J.L. Domínguez
           

miércoles, 3 de abril de 2013

PECERAS

Sala: La Casa de la Portera Autor y director: Carlos Be Intérpretes: Fran Arráez, Carmen Mayordomo e Iván Ugalde. Duración: entre hora y hora y media, opinable.
La función ya no está en cartel 


Iván Ugalde, Carmen Mayordomo y Fran Arráez.

Otro grupo, The zombie company, que parece una secta. Se lo decía el otro día a propósito de la Sala Tribueñe y Donde mira el ruiseñor cuando cruje una rama, y algunos más hay en Madrid, como los reunidos en torno a Rodolfo Cortizo y La Puerta Estrecha. Explico el apelativo cariñoso de secta: se trata de colectivos empeñados en hacer lo que les gusta, como les gusta, sin la menor preocupación a priori por intereses comerciales o, si me apuran, de difusión. Esto que se llamaba antes trabajar por amor al arte. 

Los zombies llevan un trantrán que roza el delirio: estrenaron en 2012 nada menos que Exhumación, Muere Numancia muere y Peceras. La primera es un curioso juguete que mete en la misma caja a Shakespeare y a Tycho Brae (desde hace unos años, es espectacular el desarrollo de un subgénero shakesperiano con todo tipo de variaciones sobre su vida u obra). Si el autor tuviera algún interés en ello -no parece que tenga mucho, ya les he dicho que esta gente tiene otras motivaciones- no costaría mucho convertirla en una función comercial con suspense y drama humano (ese género que llamo comercial-con-plus, como Deseo). Muere Numancia muere me la perdí, ya lo saben, no llego a todo. Sigue el trantrán: acaban de estrenar ahora en La Casa de la Portera Elepé, también de Carlos Be. Intentaré no perdérmela para mantener informados a mis amables (¡y cada vez más numerosos, glups!) lectores.

Normalmente redacto estas cosas de un tirón, y cuanto antes. Ésta la escribo con casi una semana de retraso respecto al día que vi la función, porque no sé por dónde salir. Es condenadamente difícil decirles algo sin destriparla. Esto suele ser un obstáculo referido a la resolución (¿quién era el asesino?) o incluso a la trama, pero esta vez no debo revelar ni siquiera el tema (ni los retos de interpretación a los que se enfrentan los actores). Así que quizá les parezca que los comentarios son menos extensos que de costumbre. A mí me hicieron el favor de no contarme nada, y lo agradecí, porque gana uno un rato largo de completa perplejidad sobre lo que allí se cuece. Un rato largo difícil de medir. Si miran los datos de arriba del todo, verán que no puedo decirles ni cuánto dura el espectáculo, porque no se sabe muy bien en qué momento empieza. Y hasta aquí puedo leer. Si quieren un consejo, no miren otras críticas (por ejemplo la de Javier Villán), porque les espoileriza el asunto. Háganme caso y vayan vírgenes. 

Bueno, también se la perdieron en el Lara. No tienen ustedes remedio.

Peceras se llevó el premio del Indifestival este año en Santander (y Carmen Mayordomo el de interpretación). No faltan motivos. Sólo les digo que lo que cuenta es sobrecogedor y, además, verosímil. Es algo que se ha hecho siempre en círculos del alcantarillado social o de los áticos más encumbrados, pero que en un momento en el que estamos pasando de la economía de mercado a la sociedad de mercado (Ramoneda dixit) podría ofrecerse cualquier día en los centros comerciales para la clase media. Tiene una prolongada fase introductoria, en la que ni se olerán lo que está pasando, pero la intensidad dramática de lo que viene después justifica esa duración. Sin embargo, yo diría que una vez llegados al meollo habría materia para un desarrollo de mayor extensión. Eché en falta un poco más de regodeo en  la fantástica situación en la que... ¿cómo lo digo sin reventar? ...en la que ella asume intuitivamente el personaje que se le demanda, y sigue la corriente con destellos de creatividad. Una auténtica profesional. ¿Han entendido algo? Espero que no.


Muy bien dirigida: realismo desaforado con alguna ligera licencia bailona. Muy bien interpretada. Fran Arráez e Iván Ugalde (actor con una sorprendente facilidad para cambiar de aspecto) dan miedo. Mentes criminales nos tiene entrenados en las tipologías de psicópata dominante y psicópata sumiso, lo que son estos dos. Carmen Mayordomo es, siempre, la bomba. Aquí también. La he visto hacer comedia con el mismo rendimiento (Por lo menos no sufrió, un estupendo microteatro de Juan Morali) y levantar por sus narices alguna cosa de medio pelo que sólo brillaba cuando ella abría la boca. Le basta una mirada para fulminar al espectador.
P.J.L. Domínguez