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martes, 23 de septiembre de 2014

VILLA PUCCINI

Sala: Teatro del arte Autores: Miguel Ángel Orts y Alexander Herold Director: Alexander Herold Intérpretes: María Luisa Merlo y Emilia Onrubia Duración: 1.10' 
Información práctica (el enlace a un callejón sin salida puede significar que la función ya no está en cartel)


Un mundo poblado por seres excesivos, un microcosmos que exhibe la belleza más estrepitosa sustentada por el más falso de los oropeles. No es extraño que la ópera se preste a las mil maravillas a sustentar todo tipo de ficciones, tanto en el cine como en el teatro. En el último ejemplo visto en Madrid, Master Class, Norma Aleandro encarnaba a Maria Callas. En Villa Puccini, María Luisa Merlo es una soprano imaginaria que, en vísperas de su concierto de despedida, rememora su vida y su carrera.

Casi nada está bien. El texto es poco más que un rosario de estereotipos, algo de así-somos-las -divas por aquí, algo de le-debo-todo-a-Puccini por allá. Recuerda, en el peor sentido, a la vida de la mencionada Callas que rodó Zeffirelli. El drama, y la revelación final, encajados con calzador. La dirección parece más bien ausente la mayor parte del tiempo. La cantante que se encarga de interpretar a Puccini ha sido vestida por su peor enemigo.


Pero la escena no es un espacio lógico en el que dos más dos son siempre cuatro y la gravedad tira siempre hacia abajo. Como en una fantástica geometría no euclídea, las cosas pueden ir en una dirección, y el resultado aparecer por el extremo opuesto. Entre el encanto de la Merlo -que es mucho encanto-, lo bien que canta (¿han pillado la aliteración?) Emilia Onrubia y las arias de Tosca o Manon Lescaut -que para qué les voy a contar-, el invento se va cargando de emotividad, y termina uno por creérselo y pasarlo estupendamente. Hasta me emocioné un ratito, ¿se lo pueden creer? Un viejo lagarto correoso como yo. Por supuesto, no se la pierdan si son fanáticos de la ópera. Van a encontrar esa reverencia religiosa que tanto les pone.
 P.J.L. Domínguez

           

lunes, 6 de enero de 2014

¡QUÉ DESASTRE DE FUNCIÓN!

Sala: Teatro Caser Calderón Autor: Michael Frayn (versión de Paco Mir) Director: Alexander Herold Intérpretes: Anna Barrachina, Carmen Conesa, Juli Fábregas, Josep Linuesa, Vanesa Romero, Leire Ruis, Vito Sanz, Miquel Sitjar y Pepín Tre. Duración: 2.00' (diez minutos de entreacto)
Información práctica (el enlace inactivo puede significar que la función ya no está en cartel)

Carmen Conesa, Alexander Herold (creo), Anna Barrachina, Josep Linuesa, Vito Sanz, Pepin Tre, Miquel Sitjar, Vanesa Romero, Juli Fábregas y Leire Ruiz.

Ésta fue mi crítica en la Guía del Ocio:


Dice Mir en el programa de mano que es la mejor comedia jamás escrita. No sé si la mejor, pero sin duda una de las mejores. La primera vez que la vi en televisión, me caí literalmente de la cama. De la risa, claro. Los tres actos repiten un único acto de un vodevil infame. Primero del derecho; después del revés –vista trasera del decorado y del jaleo que allí se arma-; y de nuevo por delante, de modo que el espectador ve una representación hecha trizas, error tras error. La gracia está en que, gracias al primer acto, sabemos cómo sería la supuesta función correctamente representada. Y que, gracias al segundo, sabemos qué ocurre detrás para que en el escenario todo salte por los aires y las sardinas nunca estén donde deben.


  La versión de Mir y Herold, que ya firmaban juntos la misma obra en 1997, apenas se aparta de la película de Bogdanovich, referencia mayoritaria para el público. A pesar de alguna irregularidad en el elenco, el trote sostenido que la dirección imprime salva la comicidad de una escritura modélica. En general, mejor ellas: Carmen Conesa, que resiste la inevitable comparación con Carol Burnett; Anna Barrachina (hay que saber soltar “había un teléfono en el jardín”); y Vanesa Romero. También me gustaron Sitjar y Pepín Tre.

A ver si esta tarde encuentro un rato para hablarles del Baile de huesos que ha dirigido Galiana en su nueva sala.
P.J.L. Domínguez