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sábado, 5 de diciembre de 2015

LOS ATROCES

Sala: Nave 73 Autora y directora: Vanessa Martínez Intérpretes: Nuria Benet, Mon Ceballos, Pablo Huetos, Vicenç Miralles, Pedro Santos y Gemma Solé Duración: 1.40'
Información práctica (el enlace no operativo puede significar que no está en cartel)


Benet, Solé, Ceballos, Miralles, Santos y Huetos.
Ésta fue mi crítica en la Guía del Ocio: 

Usar una trama preinstalada en la memoria (más de dos mil años provocando escalofríos) es arma de doble filo: el vendaval de connotaciones que provoca la sola mención de sus personajes sale gratis, pero es fácil desafinar. Esta España de ferias de ganado está bastante más cerca del mundo de los Átridas que las adherencias posteriores de peplos y mármol blanco, pero lo importante no es eso, sino que resulta verosímil. 

La tragedia es siempre posible, y la función lo muestra.

    Tragedia es la palabra clave. Siempre difícil de interpretar sin ponerse estupendo. Vanessa Martínez la encaja con habilidad aquí y allá, en medio de un planteamiento de comedia. El curioso invento funciona. Es más: crece durante cien minutos produciendo un efecto de aceleración dramática hasta el nudo final Agamenón-Clitemnestra-Orestes-Electra, al que el espectador llega ya completamente entregado. Por momentos, brilla el virtuosismo de los seis intérpretes, que se hacen cargo de catorce personajes y saltan del humor a lo trágico, del disparate al drama con elástica cintura.

P.J.L. Domínguez
          

sábado, 25 de abril de 2015

EL EXTRAÑO CASO DE LA MARQUESA DE VADILLO

Sala: Pequeño Teatro Gran Vía Autores: Félix Estaire y Luis Crespo Director: Luis Crespo Intérpretes: Beatrice Binotti, Roberto Drago, Nuria Benet, Rebeca Medina, Fernando Otero, Eugenio Gómez, Miguel Barderas (músico: Grozdan Aleksandrov "Tozo") Duración: 1.15'

Información práctica (el enlace no operativo puede significar que no está en cartel)


Eugenio Gómez, Roberto Drago, Rebeca Medina, Nuria Benet, Beatrice Binotti, Fernando Otero, Miguel Barderas, Paco Díaz Revaliente (que yo juraría que no estaba en mi función) y Grozdan Aleksandrov.
No encuentro fotos del montaje que pueda reproducir, así que les dejo el enlace a las de Emilio Tenorio, que lo describen perfectamente.

¿No perciben un aire de familia? Es Un cadáver a los postres.
El extraño caso de la Marquesa de Vadillo es un juguete cómico montado en torno al Cluedo, ese juego de mesa en el que hay que buscar al asesino. Hay dos Cluedos en la cartelera ahora mismo, éste y los Diez negritos del Muñoz Seca, Agatha Christie clueizada (en un rebote de influencias: el juego es una derivación evidente del subgénero literario de resolución de enigma con cadáver). 

Los Diez negritos del Muñoz Seca.
En su sencillez, lo estereotipado de sus caracteres (los del Cluedo) son fuente constante de inspiración. Ahí tienen la hilarante Un cadáver a los postres, con su rutilante elenco, o las numerosas películas de serie B e incluso series de televisión con parecido esquema. 

Otra: Clue, the movie (1985). ¿Ven que la composición formal de los personajes ne exposición es una pauta repetida? No tengo la seguridad completa, pero yo diría que deriva del diseño de las cajas del juego. Les pongo un par.

                                

La trama central, la del crimen y su resolución, incorpora en la medida adecuada el grado de absurdo, las convenciones narrativas y los personajes estereotipados que el subgénero exige. Pero Estaire y Crespo quisieron aderezarlo un poco y añadieron dos elementos originales y propios que nada tienen que ver con la tradición de los Cluedos. La historia se interrumpe con la irrupción de dos planos reales. A la derecha del espectador, los actores simulan hablar para un documental que recrea decenios de representación de la función, recordando el clima social de Madrid en 2015 y aireando chascarrillos y rencillas del pasado. A la izquierda, vemos los camerinos y los roces de los intérpretes durante la función. Es una variación graciosa, voluntariamente integrada también en estereotipos como los de Escándalo en el plató (Soap, 1991) o Qué ruina de función (Noises off!, 1992). Si se molestan en seguir los enlaces, verán que las imágenes promocionales de todos estos precedentes también se parecen a las de los que veníamos citando. Sea crimen, sea enredo, comparten el carácter coral.

La marquesa asegura un buen rato de diversión, que es de lo que se trataba. Todo el mundo cumple, aunque yo me quedo con las tres chicas: Binotti (una mujer con mucho carácter en escena), Medina (antólogica pija que ha conseguido que en mi casa ya no se diga "sí" sino "sah") y Nuria Benet: me conquistó en NOC y ha afianzado aquí la conquista. Derrocha carisma y vis cómica. Está en dos de las mejores escenas: la de la caja de música (una irrupción casi surreal) y la que reproduce los estereotipos (ya ven que es la palabra central de todo esto) interpretativos de la comedia cinematográfica española de los sesenta-setenta, con Miguel Barderas milagrosamente transmutado en José Luis López Vázquez. Mi tercera escena favorita es la del interrogatorio del mayordomo en comisaría, con Barderas sujetando la percha de la que cuelga la inevitable lámpara de interrogatorio en comisaría. Por supuesto, la lámpara golpea al comisario cada vez que Barderas flaquea. Nos tronchamos, oiga.

Sumen a todo esto que el público canta, que los intérpretes recorren el patio de butacas, que un par de afortunados suben al escenario... y que, sin embargo, no se produce ese horroroso efecto que los que no bailamos en las bodas tememos más que a un nublado y que sintentizaría en vamos-te-he-dicho-que-te-diviertas. Me divertí sin sentirme obligado, y les aseguro que no soy público fácil para estas cosas.

Escribo esto tardísimo y no sé si la función se va a prorrogar más allá del 26 (o sea, de mañana). Pero si estoy a tiempo de aconsejar, tengan en cuenta que también se pueden llevar a los niños. Lo pasan pipa.
P.J.L.Domínguez
          

domingo, 25 de mayo de 2014

NOC

Sala: Teatro del Arte Autor y director: David Quintana Intérpretes: Nuria Benet, José Cobrana, Elsa Cabo, David Vento, Zaida Díaz y Ricardo Mata Duración: 1.20'
Información práctica (el enlace inactivo puede significar que la función ya no está en cartel)


Zaida Díaz, Ricardo Mata, José Cobrana, Nuria Benet, David Vento y Elsa Cabo.


[conviene que se lean esto con Cabaret Paris de fondo]



Hay una cierta resurrección del cabaré y de las variedades, aderezada con recientes aportaciones foráneas, como el burlesque. Términos, todos, de significado ambiguo, que no pueden aferrar el abanico de estilos dispersos en el tiempo y la geografía. Más que etiquetas nítidas, evocaciones. El buque insignia del regreso de estas formas de entretenimiento a la cartelera está siendo The Hole. No sé cómo será el segundo, que lleva meses en el Teatro La Latina, pero el primero, el del Calderón, era un pestiño de cuidado. Infinitamente superiores los intentos del Price (Pasión sin puñales o Crazy love), con mucho menor éxito de público. Es que nadie ha dicho que la vida sea justa.

Lo que son las cosas, después de escribir ese primer párrafo esta tarde sin recordar que los Max se entregaban hoy, precisamente, en el Price, llega la ceremonia para ponerme en bandeja un ejemplo que ni hecho adrede para ilustrar cómo las modas aplicadas sin ton ni son pueden resultar indigestas. Madre del amor hermoso, pensar que estuve a puntito de aceptar una invitación para ir. Vaya espectáculo insoportable, gracias en buena parte al empacho de estética de cabaré negro, como leo por ahí que lo llaman. Qué pena, señor, llamar cabaré a esto. Postureo en estado puro. Luego llaman vacuo a Carniti (sí, les advertí el otro día que alguien lo haría; ya está, Villán en El Mundo).

José Cobrana y RIcardo Mata. No se dejen engañar por los colorines de la
foto. El espectáculo es lo que una madre denominaría "muy fino".

El caso es que proliferan, aparte de este pestiño de los Max, los espectáculos de pequeño formato a los que sus autores llaman cabaré, sin que muchas veces la denominación se refiera ni lejanamente a la acepción tradicional del término. Otras veces, está más justificada: como en Lamirilla. Pero invocar un género para hacerlo avanzar hacia donde sea es una cosa, y resucitar sus formas tradicionales, otra. Aquí, se trata más bien de lo segundo.

David Quintana es uno de Los Quintana, dos hermanos especializados en montar, e interpretar, espectáculos de dragqueenismo en play-back. Tuvieron El varietón en el Pequeño Gran Vía a finales del 2013: una fantástica combinación de pasión por la cultura popular kitsch, capacidad cómica y travestismo del mejor. Con tanto cabaré trucho por ahí, me fui al Teatro del Arte exclusivamente porque firmaba Quintana, y me encontré lo que esperaba. Noc mantiene esas mismas características de El varietón y de otras cosas de los Quintana que he visto colgadas por ahí. Pero se va decididamente hacia el cabaré: la presencia de los diálogos en play-back es menor, la de números cantados y bailados es mayor y, sobre todo, hay menos pitorreo y más recreación sincera de estas formas ínfimas del teatro. Esto no quiere decir, desde luego, que no vayan a reírse.



Muchos son los talentos repartidos en la concepción de la función y, a falta de más créditos, tengo que suponer que son todos de su director. Primero, el de la elección de los números. Por una parte, los diálogos de películas de inefable estilo interpretados en play-back y pantomima. Por ejemplo, el audio de la escena en la que Roxy mata a Freddy en Chicago... extraído de un doblaje sudamericano. Supongo que allí el efecto kitsch no sería el que aquí percibimos, pero aquí es la bomba. El drama queda automáticamente convertido en comedia disparatada. O lo que supongo que era el doblaje, también sudamericano, de La reina del vaudeville, con nada menos que Gypsy Rose Lee rediviva en escena. Segundo, los números musicales. Y aquí es donde la cosa empieza a alcanzar cotas de exquisitez, porque Quintana tiene la rara habilidad de encontrar no sólo las cosas más kitsch que uno pueda imaginar, sino también las versiones más kitsch de las cosas que uno nunca ha oído en versión kitsch. Por ejemplo, El día que me quieras en versión dúo hombre-mujer, que ya me gustaría saber quién cantaba. Pero nada comparable a Las luminarias de Los flamingos (los de la foto, no sospechaba que Chile hubiera alumbrado un pre-pop semejante, no dejen de seguir el enlace) o a Cabaret Paris  de Zarah Leander, una joya sobre la que volveremos más abajo.


Nuria Benet, de charleston, y David Vento. Muy bien la caracterización 
de los chicos: muy maquillados, pero sin llegar a lo grotesco. Repito: las fotos 
no hacen justicia.

Más talentos: escenografía y vestuario. Sencilla, efectiva y resultona la primera. Deliciosamente canónico el segundo. Quiero decir con esta palabreja que el vestuario es pieza fundamental en la intención de recreación de género que informa toda la pieza. Incluso las licencias cómicas (las apreturas de embutido a las que se somete a Cobrana, los avestruces) responden a la tradición, tiene uno la sensación de que no se salen un pelo de las convenciones. Por no hablar, claro está, de los trajes estándar de Betty Boop o de pilingui, del número final, del charleston, del remedo cómico de Gilda… Aprovecho para soltar una de mis perlas generalizantes: a estas alturas es imposible promocionar un espectáculo sin más FOTOS. Las pocas que ilustran esta página están extraídas del twitter de los intérpretes. Parece una tontería, pero pasa constantemente y lastra la promoción. La cena del rey Baltasar, por ejemplo, sería una fuente excelente de imágenes, y apenas tienen tres. NOC también permitiría hacer una bonita colección.

Sí, Quintana sabe elegir los números, salir escenográficamente airoso, vestir el género... pero el talento fundamental para un director de escena es, lo decimos siempre, el control del tiempo. El teatro de variedades es, si cabe, el más frágil en este aspecto: no hay relato, no hay dramaturgia de conjunto, o se mantiene alto el interés del espectador con el chisporroteo de cada número o la cosa se va a pique. Y esto está muy bien resuelto: el espectáculo dura una hora y veinte minutos que se pasan volando. Sólo le veo una pega: los pocos y breves parlamentos no están a la altura del resto. Es Nuria Benet quien los dice, una actriz con carisma, simpática, con el desparpajo que el género requiere. Pero lo que dice, quizá valdría la pena encargarlo a un escritor. Diría que es lo único que desmerece en toda la función.



Aquí encima la tienen con diversos atuendos. Está estupenda en todo lo que canta y baila, pero me gustó sobre todo de Betty Boop, o similar, impostando la voz en al falsete característico de los años treinta. Muy en estilo.

El otro peso fuerte es José Cobrana, que hace sucesivos papeles de fea en travestí. Me pareció evidente que tenía que tener carrera a las espaldas y, aunque no encuentro en red un curriculum en condiciones, zas: resulta que ha sido clown en el Circo del Sol. Está perfecto de travestida fea, sobre todo en el número que más me hizo reír (el de El día que me quieras y el maldito cable demasiado corto) o en de Los Flamingos, pero -él también, muy en estilo- donde se sale es en Cabaret Paris (en la foto de arriba del todo). Vestido con una combinacion brillante: de hombre, pero con tacón alto y plumas. Si han seguido el enlace a Youtube de arriba del todo, verán que la canción encierra toda la historia del cabaré germánico. Desde el de principios del XX, hasta las derivaciones alemanas y austríacas de mediados del siglo XX, prodigio del kitsch, que aún colea con la televisión en color bien instalada. A alguien de mi edad, tiene que recordarle a Los Vieneses y a Herta Frankel. Consejo: sigan en Youtube todo los enlaces que tengan que ver con Zarah Leander, incluido el de Nina Hagen.

Zaída Díaz, Elsa Cabo y David Vento (por fin, uno con presencia consistente en internet), que tienen menos papel, están a la altura de todo lo anterior. Pero me estoy dejando para el final a Ricardo Mata. Un pedazo de artista cargado con energía de alto voltaje. Travestido, su presencia se come a la de las mujeres reales. De hombre, no hipnotiza menos. Baila como quiere, se mueve de forma electrizante, interpreta. No tengo a mano la información con el currículo de toda esta gente, pero mañana intentaré añadirles alguna información. Todos vienen de alguna parte, claro está, todo este talento no se improvisa.

Vayan, van a pasar un rato estupendo. Y es para todos los públicos: en mi función hubo un niño de dos años que se mantuvo despierto y atento hasta el final. 
P.J.L. Domínguez