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domingo, 26 de febrero de 2017

DEMONIOS

Sala: Teatro Galileo Autor: Lars Norén (versión de Francisco J. Uriz) Director: Julián Fuentes Reta Intérpretes: Alberto Berzal, Paola Matienzo, Ruth Díaz y David Boceta Duración: 1.25'
Información práctica (el enlace inactivo puede significar que la función ya no esté en cartel)

De pie, Díaz y Berzal. En el suelo, Boceta y Matienzo.
Ésta fue mi crítica en la Guía del Ocio:

PAREJAS EN DESCOMPOSICIÓN

Hemos visto en pocas semanas La noche de las tríbadas de Enquist dirigida por Miguel del Arco y estos Demonios que ha puesto en escena Julián Fuentes Reta. Intravenosa de teatro sueco que mueve a la conclusión de que, aunque lleve más de un siglo oficialmente muerto, Strindberg aún camina entre nosotros. Esta vivisección de dos parejas que se descomponen ante nuestros ojos parece escrita por el autor de La danza de la muerte que, de vuelta del más allá, hubiera sustituido el alcohol por cualquier droga de última generación.

    Los vecinos suben un rato a tomarse una copa y se desata la tormenta. No hay que esperar medias palabras o referencias veladas. Demonios es el reino de lo explícito, y nadie se calla lo que se le pasa por la cabeza, por violento que sea. Se entiende perfectamente el enfoque que Fuentes Reta ha querido dar –un montaje sencillo centrado en el texto- y quizá el único reproche que cabe hacer es que la interpretación se quede un poco corta. Sólo Boceta, y Berzal en los momentos más arriesgados, alcanzan la altura que tanto extremo exige. Seguramente, ganarán con el tiempo.


    La cartelera adora las casualidades: en Nave 73, Sala de juegos plantea una situación parecidísima –dos parejas sobre la cuerda floja- en una comedia dramática a medio camino entre el éxito comercial y el teatro de cámara. 

Y algunas cosillas que no cabían allí:

1.- Siempre he visto bien a Boceta, desde que era un muchacho en la Compañía Nacional de Teatro Clásico (o era en la Joven?). Estaba estupendo en El público, que no sé si será lo último que ha hecho. Aquí exhibe un notable aplomo para pasar de un tipo normalito a otro que empieza a revelar todas las burradas que lleva dentro. [Mientras lo oía, y también ahora que me pongo a recordar, me preguntaba si habrá alguien que no las lleve. Me lo pregunto sinceramente, no de forma retórica] Me parece que es un actor esperando que le caiga un gran protagonista para dejarnos con la boca abierta.

Decía en la crítica en papel que Alberto Berzal alcanzaba la altura exigida en los momentos críticos, queriendo decir que es precisamente en los pasajes más complicados -cuando la cosa se va por el lado salvaje y hay un cambio de parejas- donde se crece. Le ocurría algo parecido en True west, creo recordar. Quizá se crezca en los extremos.

A ellas las vi más flojas. Matienzo monocorde, instalada en el desdén distante casi sin moverse de sitio de principio a fin (y mira que pasan cosas), y Díaz un poco corta de expresión, más entregada hacia el final, con el estímulo de Berzal a unos centímetros.

2.- Fuentes Reta es un tipo al que no hay que perder de vista. Viene, nada menos, que de Hard Candy, Cuando deje de llover y Los iluminados (que yo haya visto). Menuda colección de textos. En ese ojo que tiene se parece a David Serrano. Cada vez que veo una cosa horrible puesta en escena me pregunto si será tan difícil apreciar el la lectura las posibilidades escénicas de un texto, y termino respondiéndome invariablemente que sí. Si no, no habría tantísima gente (mucha de ella considerablemente  lista) montando estupideces. Además de esa vista para la selección de lo que monta, es un buen director de actores y me parece que tiene -dando por supuesta en alguien de su talla la capacidad de controlar los tiempos, talento central de un director-, un considerable dominio del espacio escénico. No tienen más que recordar los tres montajes mencionados más arriba para darse cuenta del peso que los aspectos escenográficos suelen tener en su trabajo.

También en este caso se dan las dos características: un texto formidable (en impecable versión de Úriz) y una escenografía (Sanz Ballesteros y Coso Marín) que no vocifera para ser notada, pero que se presta a ser usada con buen resultado. Está especialmente bien resuelto -dirección de actores, movimiento, uso del espacio- el complicado momento en el que se solapan las conversaciones de las dos parejas.

3.- Hay peli: Demoner, del 86. El que la encuentre, que levante la mano.

4.- Está muy bien verse ésta y Sala de juegos. Dos formas complementarias de estudiar lo de la situación de dos parejas.

Ah, bueno, lo más importante: yo iría a verla.
P.J.L. Domínguez
          

lunes, 22 de septiembre de 2014

TRUE WEST

Sala: Teatros del Canal Autor: Sam Shepard (versión colectiva de la compañía) Director: José Carlos Plaza Intérpretes: Alberto Berzal, Luis Rallo, Joaquín Abad e Inma Cuevas Duración: 1.30' 
Información práctica (el enlace a un callejón sin salida puede significar que la función ya no está en cartel)


Rallo y Berzal.
Ésta fue mi crítica en la Guía del Ocio:

Decíamos de Sé de un lugar que es más que una historia de pareja. True west es, más que un drama familiar -etiqueta que lleva colgada-, un viaje del cosmos al caos, la demostración de que el abismo se abre a un milímetro del orden.

    Shepard es endiabladamente difícil (“no se entiende en España”, me refieren que dijo una vez un avezado productor) y da lugar a sonoros batacazos. Pero Plaza ha encontrado una vía por la que la función parte del realismo y arriba a ese indefinible lugar shepardiano sin la menor discontinuidad en el camino. Apoyado en una excelente traducción de autoría colectiva -en la que sólo disuena el misil de un “ambos dos” al final de una frase- y en una escenografía de The Blue Stage Family, que parece bonita al principio y se revela, además de bonita, llena de pequeños recursos.


    El elenco rota: en el que me tocó, Berzal y Rallo sacan adelante con brío a la pareja protagonista. Dan una impresión un poco impostada en el arranque, pero todo se va justificando. El primero tiene momentos brillantes. De los dos extraterrestres que llegan a ese lugar autosuficiente, el productor de cine podría estar incluso un poco más estilizado. Como lo está la madre, Inma Cuevas, cuya entrada en escena es la apoteosis de la función. Todo lo dice bien, todo lo mueve bien.

Y lo que no cabía allí:
[Las frases en negrita son el punto de enlace entre la crítica de la Guía y lo que sigue. Mejor leer en ese orden, si quiere enterarse bien]


Escenografía [...] llena de pequeños recursos. Y que crea una atmósfera que se adapta al texto mucho más que las escenografías realistas que a veces se le endilgan (vean las dos fotos de abajo). Es como si anticipara a dónde nos va a conducir todo esto. Y, curiosamente, la ausencia de paredes hace más obsesivo el ambiente, como si el desierto circundante estuviera siempre presente. Es una lástima, pero no encuentro fotos que den una idea clara. ¿Autor? The Blue Stage Family. No sé quién es, estaba también en Constelaciones.

La sala negra de los Teatros del Canal, usada hasta ahora, al parecer, como sala de ensayos, es estupenda para determinados montajes. Mucha gente daría un brazo por estrenar ahí. Pero no sé si prosperará la idea de utilizarla, el complicado trayecto hasta alcanzarla obliga a colocar personal en todos los puntos en los que los espectadores podrían perderse en el edificio. 

Apoyado en una excelente traducción. Sí, hay ejemplos de "ambos dos" en nuestro teatro clásico, pero hoy en día mejor evitarlo. Diccionario Panhispánico de Dudas: "...está en retroceso en el habla culta y se desaconseja su empleo". Aparte de eso, la traducción es excepcionalmente buena, Otra cosa es la repetida pronunciación de Texas como Tec-sas. O sea, como lo dicen los angloparlantes. Tejas se llamaba Tejas (con jota, como las tejas del tejado) antes de que llegara allí nadie hablando inglés. Es como México: una grafía antigua para decir Méjico. Y a nadie se le ocurre decir Méc-si-co. Por favor, corrijan esto, es difícil de soportar.

El primero [Berzal] tiene momentos brillantes, sobre todo en lo que es trabajo físico, corporal. Antológico el momento en el que, para abalanzarse sobre su hermano, coloca una pierna y medio cuerpo sobre la mesa que los separa.

Inma Cuevas, cuya entrada es la apoteosis de la función. Plaza ha entendido dónde están las capacidades de esta mujer, y la hace entrar muy despacio, recorriendo el foro detrás de la escenografía, frágil y cargada con una maleta. La ha vestido fantásticamente Felisa Kosse, de la que no encuentro ninguna otra referencia. Lo de la Cuevas es brutal, como si cada uno de sus gestos hubiera sido planificado y fuera ejecutado cada noche por interpretator, un software infalible. Vaya manera de clavar el personaje con el parapadeo, con las inflexiones de la voz. Anda ahora ganando premios por ahí con un corto que ha protagonizado: Meeting with Sarah Jessica. Cualquier día de éstos se nos hace mediática, ya verán.
 P.J.L. Domínguez