sábado, 16 de febrero de 2013

DESEO

Sala: Teatro Cofidís Alcázar Autor y director: Miguel del Arco Intérpretes: Gonzalo de Castro, Belén López, Luis Merlo, Emma Suárez Duración: 1.40'
Información práctica (El enlace inactivo puede significar que la función ya no está en cartel)


 
Luis Merlo, Belén López, Gonzalo de Castro y Emma Suárez.

Ésta fue mi crítica en la Guía del Ocio:

Miguel del Arco comenzó a brillar como una supernova con La función por hacer, y no ha parado. Veraneantes, La violación de Lucrecia y Juicio a una zorra fueron aplaudidos con unanimidad por crítica y público (no vi Youkali, no puedo opinar). Ha saltado con igual acierto a otro género, llamémoslo “comercial con plus”, alejado del esteretipo de teatro comercial de poco fuste. Esta vez puede que se haga rico. Deseo tiene el potencial suficiente para representarse en cualquier lengua y para ser llevada al cine. Es una comedia dramática de infidelidades, con un personaje que se encarga de liarla parda (ecos de Las amistades peligrosas e, incluso, de Las afinidades electivas). Pero no está loca, no es una frívola: entendemos sus motivaciones. 

El texto, y los intérpretes, dosifican con habilidad los rasgos cómicos y dramáticos: hasta bien entrada la función, no sabe uno hacía dónde se decantará. Además, hay golpe de suspense final. Va a ser un éxito de público.

    Merlo y de Castro se resienten un poco del hábito de verlos siempre en papeles cómicos; los espectadores se ríen en ocasiones cuando no deben. Pero la responsabilidad no es suya, están francamente bien centrados en los respectivos papeles. El sonido/música de Perea/Vila conjura ese peligro en varias ocasiones. Belén López hace una estupenda resentida / frágil / manipuladora. Emma Suárez, tan bien como siempre. Fantástica escenografía de Eduardo Moreno, fantásticamente aprovechada: la escena más impactante se resuelve sin actores. 

Y lo que no cabía allí (las frases en negrita enlazan ambos textos):

Miguel del Arco comenzó a brillar como una supernova con La función por hacer, y no ha parado. Veraneantes, La violación de Lucrecia y Juicio a una zorra fueron aplaudidos con unanimidad por crítica y público (no vi Youkali, no puedo opinar). Y falta mencionar De ratones y hombres. La lista, que se concentra en cuatro años (de 2009 a 2013), impresiona por lo variopinto de textos y enfoques, y por el altísimo resultado en cada caso. Pirandello y Chejov desnudos de escenografía y con los actores pegados al público; Shakespeare y un texto propio en los monólogos de dos actrices del relieve de Nuria Espert y Carmen Machi (en el segundo caso, firmando también la escenografía); clásico americano, en versión propia y gran formato. Y ahora esto. Este hombre está dotado de talento como actor, director, autor, versionador, escenógrafo... ¿A ustedes les parece normal? En estos cuatro años la calidad de sus montajes sólo ha declinado un poco en El inspector (que tenía sus virtudes), y menos mal. Si no, nos estaríamos preguntando si es humano.


En Juicio a una zorra del Arco era autor, director y escenógrafo. (Creo recordar. No encuentro créditos de la preciosa escenografía por ninguna parte) Sólo le faltaba ser la Machi, y le da a uno por pensar (recuerden Los productores) que hasta eso podría haberlo hecho bien.

Deseo tiene el potencial suficiente para representarse en cualquier lengua y para ser llevada al cine. Vaya por delante que "comercial" me parece un adjetivo dignísimo. Que si consideramos un espectro que vaya de lo más comercial (pongan el ejemplo que prefieran; ¿les parece bien Lina Morgan?) hasta lo menos (me salta a la memoria una cosa truculenta sobre la tortura que le vi a Eduardo Pavlovsky en Buenos Aires, algún día les contaré la historia), ambos extremos son igualmente dignos. Así que cuando digo que Deseo es una especie de "comercial con plus", la intención no es valorativa, sino sólo la de orientar al espectador, indicando que se sitúa en la zona central de esa gradación. Mutatis mutandis, más o menos cerca de Arte o de El método Gronholm. Es una zona central interesante. 

Citando a un autor italiano de allá por el XVII (creo, porque llevo unos veinticinco años citándolo y he olvidado su nombre), en las obras de la zona central el llano encuentra diversión, y el docto materia de reflexión. Estos personajes son complejos y se enfrentan a decisiones difíciles, pero  están metidos en una trama en la que suceden cosas a bastante velocidad. A riesgo de aburrirles con los halagos, me hace pensar que el día que a del Arco le dé por escribir guiñol, también le saldrá bien. El otro día un amable lector me dejaba un comentario en el que se preguntaba si una de mis críticas negativas se podía deber a algo personal. Así que, por lo de la mujer del César, les aseguro que no conozco ni al allí vapuleado, ni al aquí ensalzado.

Ecos de Las amistades peligrosas e, incluso, de Las afinidades electivas. El parentesco del personaje de Belén López con la Marquesa de Merteuil salta a la vista, aunque el fondo de pánico de la segunda, que sólo asoma al final, es aquí más evidente. Hay un primer momento en el que sus manejos pueden atribuirse a simple frivolidad mezclada con un temperamento temerario, pero pronto se percibe que es una mujer movida por la desesperación.  Choderlos de Laclos, a la izquierda.

Las afinidades electivas están más al fondo, pero están, en esta pieza de parejas aisladas en un lugar remoto. Goethe, a la derecha. Y asoma la patita hasta Montaigne, con una de sus perlas de altísimo peso atómico, condensaciones de la más pura inteligencia. La capacidad de penetración de estas bombas es tal, que me apuesto algo a que habrá pocos críticos que no mencionen la cita. Como no soy capaz de recordar la versión exacta usada en la obra, les pongo el original completo y se lo traduzco, para que se quejen: 

Notre désir est indécis et changeant; il ne sait rien conserver ni jouir de rien convenablement. [Aquí termina lo citado en Deseo, pero el resto no tiene desperdicio] L'homme en attribue la cause à un defaut des choses qu'il possède, et il se nourrit et se gave de celles qu'il ne connaît ni ne comprend, auxquelles il attribue ses désirs et ses espoirs, qu'il honore et  révèrere. 

Nuestro deseo es indeciso y cambiante; no sabe conservar nada ni disfrutar de nada adecuadamente. El hombre atribuye la causa de esto a un defecto de las cosas que posee, y se nutre y se harta de las que ni conoce ni comprende, a las que atribuye sus deseos y sus esperanzas, que honra y reverencia. Montaigne, a la izquierda, para que le pongan cara.

Merlo y De Castro se resienten un poco del hábito de verlos siempre en papeles cómicos. El público está tan acostumbrado a verlos en televisión en roles de ese tipo, que algunos de sus gestos hacen reír, aun en situación dramática. Esto me provoca un conflicto interior: creo firmemente que el público siempre tiene razón, pero en este caso me cuesta reconocerlo. Ni el uno ni el otro colocan un sólo gesto que esté fuera de lugar: si los espectadores los vieran por primera vez en su vida, no se les ocurriría reírse en pleno drama. 

Solventaré mi conflicto señalando que  sólo se ríe parte del público. Quizá esa parte que también se parte (toma paronomasia) todas y cada una de las veces que se pronuncia la palabra "polla", aunque sea en el contexto más horrible. Extraño, pero el teatro no sería maravilloso si todo fuera explicable (me ha quedado una frase entre Hello Kitty y Derrida). Merlo consigue hacer creíble a un heterosexual que se pone ligón y testosterónico, a pesar de tener a la audiencia más que acostubrada a un gay algo amanerado en la serie de televisión. Esto les parecerá una tontería, pero superar esas cosas es más que complicado: hay actores que no se sacan al personaje de encima en toda una vida. Está, además, más guapo que nunca: imponer al propio cuerpo cuál va a ser su aspecto pasados los cuarenta lo dice todo sobre la tenacidad de alguien. Emma Suárez (notable en Viejos tiempos de Pinter el año pasadotiene un físico y una impostación que la hacen adorable de inmediato (al menos a mí me ocurre). Lo explota en un papel que requiere eso al principio, y al que sabe hacer evolucionar hacia donde los acontecimientos lo llevan. Por último, Paula es el personaje imprevisible, la rueda excéntrica que hace saltar el mecanismo, el motor de la peripecia. El riesgo era convertirla en una frívola desaprensiva, dispuesta a reventar vidas ajenas sin el menor escrúpulo. Pero Belén López (la de la foto) consigue, y con economía de medios, que nos asomemos a su angustia.


Escenografía de Eduardo Moreno para Veraneantes.

Fantástica escenografía de Eduardo Moreno. Moreno ya colaboró con del Arco en Veraneantes y en De ratones y hombres. Confieso que las virtudes de la primera se me escaparon de entrada (no a los demás, se llevó un Max por ese trabajo) y que sólo la he apreciado retrospectivamente. Digamos de paso que esto pasa mucho, y que es uno de los mayores riesgos de la crítica inmediata: la memoria y la reflexión cambian a menudo de estante lo que se colocó apresuradamente fuera de sitio. Tienen una foto aquí arriba. El contraste con De ratones certifica la capacidad de adaptación de un escenógrafo que antepone las necesidades de cada texto a cualquier otra cosa: lo que era esencial, mínimo, deviene en complejos artefactos casi escultóricos o naturalistas. 



Complejos artefactos casi escultóricos......o naturalistas.

Ésta de Deseo es feota a primera vista, tosca y de un extraño color verde, pero no se fíen de la primera vista. En ese momento, como diría Groucho, fíense de mí, y no de sus propios ojos. Se trata de un giratorio, muy de moda últimamente. La mayor parte de las veces, poco aportan (véanse Doña Perfecta o El último jinete). Éste tiene dos paneles, en el sentido de los radios de la circunferencia (no sé si tres en algún momento). Y cada uno de ellos puede girar también sobre sí mismo, y creo que desplazarse. El invento se mueve durante toda la función, adoptando todas las posiciones posibles, y del Arco le saca el máximo partido en las transiciones, desplazando a los actores sobre el mecanismo en movimiento, que atraviesan por aquí y por allá. Fantástico. Una vez más, me tengo que morder la lengua para no revelar lo que no debo, pero sí diré que la escena más dramática se remata con la escenografía solita, dando vueltas enloquecida para crear un efecto sobrecogedor. Me parece que hay Deseo para años.
P.J.L. Domínguez
           
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