sábado, 25 de abril de 2015

EL EXTRAÑO CASO DE LA MARQUESA DE VADILLO

Sala: Pequeño Teatro Gran Vía Autores: Félix Estaire y Luis Crespo Director: Luis Crespo Intérpretes: Beatrice Binotti, Roberto Drago, Nuria Benet, Rebeca Medina, Fernando Otero, Eugenio Gómez, Miguel Barderas (músico: Grozdan Aleksandrov "Tozo") Duración: 1.15'

Información práctica (el enlace no operativo puede significar que no está en cartel)


Eugenio Gómez, Roberto Drago, Rebeca Medina, Nuria Benet, Beatrice Binotti, Fernando Otero, Miguel Barderas, Paco Díaz Revaliente (que yo juraría que no estaba en mi función) y Grozdan Aleksandrov.
No encuentro fotos del montaje que pueda reproducir, así que les dejo el enlace a las de Emilio Tenorio, que lo describen perfectamente.

¿No perciben un aire de familia? Es Un cadáver a los postres.
El extraño caso de la Marquesa de Vadillo es un juguete cómico montado en torno al Cluedo, ese juego de mesa en el que hay que buscar al asesino. Hay dos Cluedos en la cartelera ahora mismo, éste y los Diez negritos del Muñoz Seca, Agatha Christie clueizada (en un rebote de influencias: el juego es una derivación evidente del subgénero literario de resolución de enigma con cadáver). 

Los Diez negritos del Muñoz Seca.
En su sencillez, lo estereotipado de sus caracteres (los del Cluedo) son fuente constante de inspiración. Ahí tienen la hilarante Un cadáver a los postres, con su rutilante elenco, o las numerosas películas de serie B e incluso series de televisión con parecido esquema. 

Otra: Clue, the movie (1985). ¿Ven que la composición formal de los personajes ne exposición es una pauta repetida? No tengo la seguridad completa, pero yo diría que deriva del diseño de las cajas del juego. Les pongo un par.

                                

La trama central, la del crimen y su resolución, incorpora en la medida adecuada el grado de absurdo, las convenciones narrativas y los personajes estereotipados que el subgénero exige. Pero Estaire y Crespo quisieron aderezarlo un poco y añadieron dos elementos originales y propios que nada tienen que ver con la tradición de los Cluedos. La historia se interrumpe con la irrupción de dos planos reales. A la derecha del espectador, los actores simulan hablar para un documental que recrea decenios de representación de la función, recordando el clima social de Madrid en 2015 y aireando chascarrillos y rencillas del pasado. A la izquierda, vemos los camerinos y los roces de los intérpretes durante la función. Es una variación graciosa, voluntariamente integrada también en estereotipos como los de Escándalo en el plató (Soap, 1991) o Qué ruina de función (Noises off!, 1992). Si se molestan en seguir los enlaces, verán que las imágenes promocionales de todos estos precedentes también se parecen a las de los que veníamos citando. Sea crimen, sea enredo, comparten el carácter coral.

La marquesa asegura un buen rato de diversión, que es de lo que se trataba. Todo el mundo cumple, aunque yo me quedo con las tres chicas: Binotti (una mujer con mucho carácter en escena), Medina (antólogica pija que ha conseguido que en mi casa ya no se diga "sí" sino "sah") y Nuria Benet: me conquistó en NOC y ha afianzado aquí la conquista. Derrocha carisma y vis cómica. Está en dos de las mejores escenas: la de la caja de música (una irrupción casi surreal) y la que reproduce los estereotipos (ya ven que es la palabra central de todo esto) interpretativos de la comedia cinematográfica española de los sesenta-setenta, con Miguel Barderas milagrosamente transmutado en José Luis López Vázquez. Mi tercera escena favorita es la del interrogatorio del mayordomo en comisaría, con Barderas sujetando la percha de la que cuelga la inevitable lámpara de interrogatorio en comisaría. Por supuesto, la lámpara golpea al comisario cada vez que Barderas flaquea. Nos tronchamos, oiga.

Sumen a todo esto que el público canta, que los intérpretes recorren el patio de butacas, que un par de afortunados suben al escenario... y que, sin embargo, no se produce ese horroroso efecto que los que no bailamos en las bodas tememos más que a un nublado y que sintentizaría en vamos-te-he-dicho-que-te-diviertas. Me divertí sin sentirme obligado, y les aseguro que no soy público fácil para estas cosas.

Escribo esto tardísimo y no sé si la función se va a prorrogar más allá del 26 (o sea, de mañana). Pero si estoy a tiempo de aconsejar, tengan en cuenta que también se pueden llevar a los niños. Lo pasan pipa.
P.J.L.Domínguez
          

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