Sala: Teatro Bellas Artes Autor: Herbert Morote Director: José Carlos Plaza Intérpretes: Concha Velasco y Hugo Aritmendiz Duración: 1.30'
Información práctica (el enlace no operativo puede significar que la función ya no esté en cartel)
Ésta fue mi crítica en la Guía del Ocio:
Vivimos en una sociedad que mantiene extensas zonas
de sombra en las que campan la marginación y el desprecio por el diferente, las
relaciones de poder más despiadadas. Sin embargo, algunas cosas avanzan. Es
sorprendente que, en el curso de un tiempo inferior al de una vida humana, las
personas con síndrome de Down hayan pasado de la ocultación vergonzante a la
visibilidad. A un escenario, en este caso.
Olivia
y Eugenio es el retrato de la relación entre una madre y un muchacho Down. Ella
constata que, de todos los que la han acompañado en la vida –incluidos marido,
hijo no Down, amigos- el más normal y el que más felicidad le ha aportado es
Eugenio. Se enfrenta ahora al doloroso trance de imaginárselo cuando ella
falte.
Morote ha
escrito un hábil melodrama con un rasgo original: podríamos llamarlo soliloquio
ampliado. Ampliado por las breves intervenciones de Eugenio y, sobre todo, por
su constante revoloteo alrededor de su madre. Es una presencia fundamental en
la construcción global de la pieza. Plaza la ha dirigido dejando a Concha
Velasco un amplio territorio en el que respira a sus anchas, y ha hecho bien:
esta mujer llena todo el espacio que se le deje. Alguien ha dicho que es un
papel a su medida, pero no estoy de acuerdo: ella está por encima, y es que no
es fácil encontrarlos a su medida. Aritmendiz compone un personaje encantador.
El público les aplaude a rabiar.
P.J.L. Domínguez
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