jueves, 19 de diciembre de 2013

1941.BODAS DE SANGRE

Sala: Teatro Valle-Inclán Autor: Federico García Lorca (versión de J. Eines) Director: Jorge Eines Intérpretes: Carlos Enri, Inma González, Luis Miguel Lucas, Beatriz Melgares, Daniel Méndez, Jesús Noguero, Danai Querol, Carmen Vals y Mariano Venancio. Duración: 1.40'
Información práctica (el enlace inactivo puede significar que la función ya no está en cartel)


En pie en el centro, Carmen Vals, Mariano Venancio y Daniel Méndez.

1.- El 1941 del título hace referencia a que asistimos a un ensayo general situado en esa fecha. ¿En qué se nota? En que a ratitos entran del exterior ruidos significativos. Por ejemplo, el de un grupo que pasa cantando el Cara al sol. Los actores se asustan, hacen el saludo fascista y esperan acongojados a que pase el peligro. Esto sucede como tres o cuatro veces. No llega a ser significativo ni de lejos. Claro que entendemos que ensayan a Lorca en medio de una situación muy difícil, que hace mucho frío, que parece que tienen el coraje de nadar contracorriente... pero la verdad es que la cosa no aporta nada de nada a la función. Si quitamos esos fragmentos, nos quedamos igual que antes.

2.- Están ensayando: unas simples líneas en el suelo indican el espacio de la representación. Los actores que se colocan fuera, no están actuando. Hay una tarima que indica dentro de casa. Los actores que no la pisan están fuera. Hay otras convenciones, como los instrumentos musicales presentes para hacer música o efectos sonoros a vista. Bueno, todas éstas cuelan, se entienden, no molestan. Alguna otra casi sería mejor sustituirla por un poco más de realismo (¿no ayudarían un par de navajitas de utilería en la escena correspondiente?) y, por último, las hay que no cuelan ni a tiros. Por ejemplo: la mendiga que el esposo abandonado encuentra en su persecución de los fugitivos es un señor de bigote vestido con un casquete y una especie de capa rígida que lo dejan entre Faemino y Cansado y un disfraz de escarabajo para una fiesta temática de la abeja Maya. El actor - músico - cantante que representa a la luna se pinta en la cara unas rayas sioux (plateadas, es la luna) y se cubre la cabeza con un incomprensible echarpe. También desafina a conciencia. El cajón (que no se usaba en 1941), es acarreado de extremo a extremo del escenario en segundo plano una y otra vez sin que sepamos con qué objeto.


El cajón migratorio, el escarabajo de la abeja Maya y el acordeón, aquí usado por Inma González para reproducir el galopar de un caballo.
3.- Todo esto serían zarandajas sin mayor importancia en un contexto de acierto general. El problema de la función, el problema realmente gordo de la función, es el ritmo. Y hasta la boda, pase. Después, ya saben lo que ocurre: se casan, la novia huye con su antiguo novio, el recien casado los persigue, los hombres se acuchillan mutuamente. O sea, que se precipita la acción que todo lo anterior ha ido preparando. Y aquí las cosas se han hecho a la inversa: a partir de la boda, venga a distraernos a base de clarinete y acordeón, ésta que baila para allá y la otra que baila para acá, declamaciones morosas, efectos de luz... Lo contrario de conducirnos con el corazón en un puño hasta el desenlace, que es lo que debería ser. O sea, que, contra todo pronóstico, se aburre uno mucho más en la segunda mitad que en la primera.

Carmen Vals.
Mariano Venancio
4.- En medio de ese aburrimiento algo se salva. Como la interpretación de Carmen Vals, que compone una madre estirada, correosa, seca como el terreno circundante, que deja ver lo que lleva dentro. Me recuerda bastante a Luisa Martín, y lo digo como un elogio. O la de Mariano Venancio, en tres papeles: el padre de la novia y dos ancianas en travestí, resueltas con soltura, sobre todo la vecina. El resto, en general, cumple, excepto quizá los dos comparsas, y quizá tampoco por su culpa. Muy guapo Méndez con el peinado y el bigotito de época, eficaces Noguero y González. El vestuario de Kristina G. tiene bastantes aciertos, a pesar del par de patinazos citados.

5.- Pero lo mejor, con diferencia, son los ultimísimos minutos, cuando la novia vuelve arrastrándose a los pies de su suegra, sin nada más que texto y actrices. Por fin, un rayo de Lorca que atraviesa la niebla. Vals sobresaliente y Querol crecida a su arrimo.
P.J.L. Domínguez
           




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